Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. (Eclesiastés 3:1). La gente dice que “el tiempo es oro” lo que significa que cada segundo, minuto, hora, día, mes y año de nuestra vida tiene un valor incalculable.
En ocasiones hasta se podría decir que nos pensamos dueños y señores de nuestro tiempo. Sin embargo, en el Salmo 103:15-16 nos recuerda lo siguiente: «El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más».
La vida es efímera. Solo Dios sabe con certeza cuántos serán los días, los meses o los años de vida de cada persona.
Si el tiempo es así tan precioso, en esta Navidad regalemos Tiempo. Los instantes compartidos son lo más valiosos que se pueden regalar a otra persona. Regalar tiempo y atención enriquece tanto a quien da como a quien recibe. Un tiempo para encontrarse, experimentar la vida intensamente y compartir felicidad. El tiempo es el único bien que no se renueva, por lo que, si alguien te lo regala, es importante que seas consciente de su valor.
No podemos olvidar que nuestra mejor inversión siempre será el tiempo que dediquemos a nuestra familia y a nuestros amigos. Tristemente solo nos damos cuenta de esto cuando es demasiado tarde y ya hemos perdido la posibilidad de otorgar este valor a las personas que nos rodean.
Si mañana morimos, al poco tiempo habrá alguien que nos reemplace en nuestro puesto. Sin embargo la familia y los amigos que dejamos atrás no verán poblado ese vacío emocional que nuestra desaparición creará. Por ello, está claro que no hay tiempo más valioso que el que pasamos con los nuestros.
Vivimos en un mundo de stress y de continua correría. El trabajo nos absorbe de tal manera que muchos llegamos a la casa sin poder abrazar a los hijos que están ya descansado, otros no podemos atender a nuestros padres enfermos o ancianos porque agotamos nuestro tiempo en otras actividades. Quédate con quien te valore, con quien te abrace sin mentirte y te sienta sin tocarte.
Dedícale tiempo a la gente que lo merece y que te hace sentir bien. Quien te quiere, lo demuestra tarde o temprano. No te olvides de dejar a un lado el estrés y las obligaciones y cuida de todos ellos como si no hubiese mañana.
Cuantos se arrepintieron por un último abrazo que no se ha podido dar, por un compartir que no se ha podido presenciar, por un cumpleaños que no se ha podido festejar, por ese diálogo que no se ha tenido, por ese tiempo que no se ha podido regalar, o por ese tiempo que se ha perdido. Tiempo perdido es vida perdida y nunca jamás se puede recuperar.
Ha sucedido que muy descaradamente llegue un progenitor donde su hijo o hija que abandonó hace años y le dice que viene a recuperar el tiempo perdido. Ese tiempo es irrecuperable, aunque siempre la vida ofrece oportunidades para corregir errores del pasado.
Regalemos tiempo en esta Navidad. Tiempo a los hijos con quien no hace rato no hablamos y no conocemos sus problemas, tiempo para los papás que abandonamos sin llamarlos o visitarlos, tiempo de misericordia para perdonar a los que tanto daño hicieron en nuestra vida, tiempo para los que están afligidos con tantas necesidades y angustiados por causa de la enfermedad, tiempo para Dios porque Él viene en esta Navidad para decirte que siempre tiene tiempo para ti, siempre y cuando tengas tiempo para Él. Feliz y bendecida Navidad.



