No es muy difícil anticipar la forma de gobierno que Boric implementará en Chile y los resultados que tendrá. Como en una especie de restaurante franquiciado (o restorán de cadena) el menú es exacto al que sirven sus aliados en otras partes de Latinoamérica, AMLO en México, CFK (hoy encarnada en Alberto Fernández) en la Argentina, Lulla (en campaña) en Brasil y Castillo en Perú.
Siempre arranca con una decoración y presentación impecables y una carta apetecible que invita a cualquier comensal a querer deglutir todo en una sentada. La entrada, platos robados de otras cocinas, sostenibilidad ambiental (que era un discurso de movimientos sin bandera política y que en, todo caso, mantenían siempre presente que la peor tragedia de contaminación ambiental ocurrió en una planta nuclear del régimen socialista soviético – Chernóbil -), la igualdad para el género femenino (lucha netamente liberal), la representatividad democrática de las minorías (Ídem) y luego el plato fuerte: recalentados que nadie comería si supieran lo que generan pero que con un nombre novedoso y una salsa fresca lo devoran sin preguntar demasiado: sistemas de salud y de educación públicas, gratuitos y de “calidad”, pero que cuando ellos (los líderes socialistas) enferman o estudian, jamás los usan sino que van a los privados o directamente a educarse y sanarse a un país de libre mercado.
Beneficios laborales ingentes, como altos salarios regulados (que nadie puede pagar y generan desempleo), vivienda gratis y, como postre, la tan afamada jubilación pública “digna y equitativa”. Esta es la misma que ahora cobran en Argentina los adultos mayores y que equivale aproximadamente a 100 USD en un mes (Cuando CFK la instituyó tenía un valor real de 5 veces esa cantidad). Una pensión de retiro para alguien que trabajó toda su vida y le pagan con papeles sin poder adquisitivo; sus ahorros y su vida completamente corroídos por la inflación y la deuda pública (las hijas bastardas del déficit fiscal).
Estas recetas son las mismas que llevaron a Cuba, Nicaragua y Venezuela a las crisis económicas y humanitarias de las cuales todo el continente fue testigo. El problema no es el chef, el problema está en la receta. Sea quien sea que la haga y donde la haga, el resultado siempre será el mismo.
Yendo a aspectos un poco más técnicos, Diego Pardow – jefe de Debate económico de Boric – en cuanto a los aspectos metodológicos y teóricos que sustentan las propuestas del candidato, sin sonrojarse reconoce que planean llevar la deuda pública de Chile del 34% al 50% para financiar sus ideas.
Vamos a los bifes, diría el porteño (para seguir con la alegoría), y es que estos paraísos sociales jamás funcionan y quienes se sientan a su mesa, atraídos por esto sugestivos menús, terminan intoxicados, los dueños del restorán presos, huyendo o impunes gobernando, pero sentenciados por la gente y a la espera que un juez honesto los procese. Porque la pregunta que jamás pueden responder es ¿cómo van a financiar tanta supuesta felicidad? o ¿quién va a pagar la fiesta? Si es con emisión, recae sobre los más pobres que son reventados con el impuesto inflacionario, si es con deuda, se les traslada a las generaciones futuras. En ningún caso representados cuando se impuso el tributo.
Una vez controlan todo este flujo de recursos provenientes de la alta presión fiscal para pagar programas sociales, inevitablemente van a optar por el mayor beneficio personal y abriendo paso a la corrupción y al amasado de votos cautivos.
El final de esta aventura en otros lugares fue con largas jornadas de éxodo a lo largo de la frontera entre Colombia y Venezuela, naufragios entre Cuba y la Florida y diásporas latinoamericanas en USA y Europa, principalmente.



