La palabra empoderamiento se emplea por primera vez en 1995 durante la Conferencia Mundial de las Mujeres en Pekín, convocada por las Naciones Unidas, según, Marta Orsini, de la Universidad de Barcelona, refiere, en 2012, que este concepto, se emplea en los debates políticos como estrategia fundamental para que las mujeres asumieran un papel de liderazgo con el fin de producir cambios que les permitieran participar en las mismas condiciones que los hombres en todas las esferas sociales y, particularmente, en la toma de decisiones.
Así, cada colectivo, cada área estratégica o cada movimiento, la emplea como estandarte de impulso hacia la mujer en espacios en donde, social, cultural e históricamente no ha tenido esa participación, se le ha ocultado o se le ha negado.
Autores como Rowlands, en 1995, la refieren como “El proceso por el que las personas, las organizaciones o los grupos carentes de poder (a) toman conciencia de las dinámicas del poder que operan en su contexto vital, (b) desarrollan las habilidades y la capacidad necesaria para lograr un control razonable sobre sus vidas, (c) ejercitan ese control sin infringir los derechos de otros y (d) apoyan el empoderamiento de otros en la comunidad.”
Esta definición inicia con una palabra muy importante: el proceso, y en este sentido, desde la perspectiva psicológica es un descubrimiento de sí mismo/a que se va formando por etapas y en el cual cada persona tiene componentes cognitivos, emocionales, socioculturales, de contexto de vida e incluso, biológicos, que influirán en la manera en que la persona identifique, concientice o reaccione ante las dificultades que se le presentan a lo largo de su vida, por supuesto, esto incluye la manera en que se va empoderando a sí misma o no, según la manera de resolución que tenga para convertir estos obstáculos en aprendizaje y tenga los recursos psíquicos, emocionales, cognitivos y redes de apoyo, para superarlos.
En este contexto, se observa que una persona podrá o no empoderarse a partir de variables particulares que no siempre siguen una dinámica única, así, habrá personas que tengan la capacidad de aprender de los obstáculos presentados en su vida, pero que no cuente con alguno de los recursos mencionados con anterioridad y no pueda hacer un aprendizaje y análisis de esta circunstancia particular que frena su crecimiento y desarrollo y se quede en un plan de victimización, dolor o angustia que no pueda superar, sin un apoyo adecuado, ya sea para fortalecer el área psíquica, emocional o que no cuente con una adecuada red de apoyo.
La finalidad es llegar a la independencia económica, emocional y que la persona se valga de sus propios recursos y alcance una sensación de bienestar y plenitud, no en el contexto de coaching o autoayuda, sino en la elaboración de estrategias particulares que le sirvan a la persona para desarrollarse de manera autosuficiente en diversos aspectos de su vida, que mejore la capacidad de enfrentar situaciones adversas, y que, aun viviendo estas situaciones tenga los recursos psíquicos y emocionales para enfrentarlos.
Ahora bien, es importante señalar, que cada persona alcanzará su propia definición de empoderamiento, ya que, al igual que el proceso, este concepto no es el mismo para todas las personas, habrá quien su significado de empoderarse sea salir sola/o a la calle, terminar una carrera, formar una familia, alcanzar un puesto de liderazgo o simplemente conseguir trabajo o salir de una relación de violencia, ya que, el empoderamiento en el ámbito de la realidad de cada persona, debe ser considerado bajo los parámetros que la misma persona pueda y quiera alcanzar, no bajo las premisas de éxito que socialmente suelen establecerse; es decir, no todas tienen como meta ser presidentes, directores o tener una casa o un carro, empoderarse es tener el poder sobre sí mismos y alcanzar el propósito que cada persona tenga para sí misma.
Dentro de los aspectos psicológicos que coadyuvan a alcanzar el empoderamiento se encuentran: la asertividad, la identificación y manejo emocional, la valoración que la persona tenga de sí misma, la planeación de objetivos y metas de vida, la confianza en la toma de decisiones y la responsabilidad de enfrentar las consecuencias de las mismas, contar con una adecuada red de apoyo, entre otros.
Alcanzar estos aspectos no siempre es sencillo, se debe tener consciencia de uno mismo, sin embargo, existe un estigma social respecto a la atención de la salud mental, acciones como asistir a psicoterapia o complementar con algún tratamiento psiquiátrico o neurológico, son o eran vistos como signo de debilidad o “locura”, con respecto a este contexto, uno de los temas que trajo consigo la pandemia, fue la importancia en la atención de la salud mental, en el esparcimiento, en el arte como elemento de expresión emocional y en la vinculación socioemocional; es por ello que la psicoterapia y en general la atención de la salud mental es un proceso mediante el cual podemos alcanzar el empoderamiento, sea cual sea el concepto que cada persona tenga de éste.



