El 24 de enero se abrieron todos los colegios oficiales de la ciudad de Bogotá y el país, y aunque muchos criticamos la lenta reapertura del sector educativo, muchos estaban felicitando a las autoridades por el regreso presencial a los colegios, pero yo creo que lastimosamente hay pocos que se merecen el reconocimiento.
Empecemos por los que se merecen más bien un jalón de orejas, el Ministerio de Educación y FECODE. Estos dos jugaron un juego macabro en el que el Ministerio le dejaba ganar a FECODE cada partida.
Empecemos con que supuestamente si priorizaban a los profesores en la vacunación estos volverían a la presencialidad, que incumplieron en el sindicato, seguido de decenas de excusas más para no volver, acompañado del acuerdo que hicieron entre el Ministerio y el magisterio que en ningún punto se habló de la calidad del aprendizaje ni de mejorar las condiciones de los estudiantes, solo arreglos de salario para el sindicato. Cada jugada del Ministerio denotaba que su intención nunca fue el regreso presencial, sino ahorrarse una pelea entre el sindicato y el Gobierno cerca a las elecciones, acosta de más de 8 millones de niños sin colegio.
Pasemos ahora a las entidades territoriales y las Secretarías de Educación, a las que se les entregaron miles de millones de pesos para adecuación de salones e infraestructura para la bioseguridad de estos durante la pandemia, pero que a finales del año pasado casi ninguna había ejecutado en su totalidad y que seguramente gran parte se perdieron.
Esto dio vía libre al discurso de FECODE de que los colegios no estaban adecuados para el regreso a clase durante la pandemia, preocupándose más por los daños físicos de las instalaciones, que por los daños irreparables de salud mental de millones de estudiantes en el país.
Los responsables de garantizar la educación a los niños de los colegios oficiales de Colombia, que establece en su Constitución Política que los derechos de los niños van primero que los de todos, jugaron con el futuro, los sueños, el conocimiento y la salud mental de millones de niños por razones políticas, injustas y que solo llevaban al beneficio de unos pocos. Es imposible felicitar a quienes causaron la crisis educativa más grande de la historia del país, hay es que criticarlos por abrir más rápido un bar que un colegio, y por haberlos puesto siempre en el último lugar.
Sus nombres acá, para que no los olvidemos: Iván Duque, María Victoria Angulo, Constanza Alarcón, Edna Bonilla, Claudia López y Nelson Alarcón, entre otros.



