Ha llegado a mis manos el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “La economía plateada en América Latina y el Caribe. El envejecimiento como oportunidad para la innovación, el emprendimiento y la inclusión”, trabajo publicado por profesor Masato Okumura y otros; en el que se evidencia la estructural preocupación por el envejecimiento progresivo de la población en la región y el avance de la Economía Plateada (Silver Economy, en inglés). Variables que atrae cada vez más la atención de los actores de las políticas públicas, la academia y los negocios o emprendimientos. Por ello se ha entendido la Economía Plateada como aquella parte de la economía global que vincula al cambio demográfico producido por el envejecimiento de la población a la dinámica productiva sectorial, asociada al enfoque centrado en las necesidades, demandas y participación de los adultos mayores.
En Colombia, el tema de envejecer no ha sido tratado con el rigor y la profundidad que merece. El avance significativo de la población en este segmento poblacional es estructural, hoy cerca de 6.8 millones de personas se ubican por encima de los 55 años de edad, según estimaciones del DANE. Para 2050 esta población será de 15 millones de habitantes (es decir pasará del 13% al 25% de la población, según proyecciones de otro programa sustancial en el país, Misión Colombia Envejece). Desde nuestra perspectiva, lo preocupante de todo esto, es que esta población se dimensiona a futuro con pocos y débiles ingresos (un poco más del 35%) y la gran mayoría sin ningún tipo de sostenibilidad financiera, igualmente con una frágil estabilidad pensional y con profundas rupturas en sus condiciones sanitarias, que serán insostenibles y lamentables.
La Economía Plateada o economía del envejecimiento (Okumura y Castilla, 2019), pone a la vejez en el centro de la economía. Ello en virtud que esta población representa en promedio para el mundo, el 5.3% del PIB y para el caso colombiano representa cerca del 5% del PIB.
Según Oxford Economics, la tercera economía del mundo, en materia de segmentos, después de la Norteamericana y de China, es la de la tercera edad, una población que agrupa más de 900 millones de personas y que aumenta a ritmos acelerados; de hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que para el año 2050 será de 2.000 millones. En ese sentido este tipo de economía requiere nuevas políticas públicas que impriman transformación sustancial en virtud no solo de la demanda agregada que ellos definen macroeconómicamente, sino la capacidad de ahorro, los emprendimientos surgidos desde la experiencia y la disciplina de los plateados. Ello originará nuevas oportunidades, industrias y negocios pre incubados, con el fin de servirle a este rango de edad poblacional y ello implicará megatendencias demográficas urgentes para los próximos 10 años.
Por ello es urgente construir políticas públicas dirigidas a los adultos mayores. Las existentes en el 90% de los países de América Latina y el Caribe (AlyC), no han logrado mejorar sus condiciones en términos de sus derechos civiles, políticos, económicos y sanitarios, es en ese segmento donde más se concentra la pobreza multidimensional, la informalidad, el bajo porcentaje de adjudicación de beneficios económicos periódicos (BEPS), el bajo número de pensionados que ha definido o aumentado la vejez desamparada y los bajos ahorros propios ante el alto desempleo, no solo en el país sino en la región.
En Colombia, la Fundación Saldarriaga Concha, preocupada por este sector creciente en los últimos años expone, conforme a cifras Dane, que en cuanto a las ocupaciones que tienen las personas mayores en el país, cerca del 33,6% de las personas en tercera edad realizó oficios del hogar, seguido de un 24,6% que trabajó por lo menos una hora en una actividad que le generó algún ingreso y un 19,9% que vivió de jubilación, pensión o renta.
“Esto quiere decir que el 25% de las personas, es decir una de cada cuatro, actualmente trabaja bien sea por necesidad o porque todavía se sienten activos y quieren seguir participando de la economía y sus sistemas productivos”.
Las cifras pensionales demuestran: que de los 6,8 millones de personas mayores según proyecciones del DANE para el 2020-2021, anteriormente referenciadas, Colombia tiene para proteger económicamente a esta población tres mecanismos: el Sistema General de Pensiones (SGP), gracias al cual 1.611.630 personas reciben hoy una pensión, es decir, el 23%; en la mitad se encuentran los Beneficios Económicos Periódicos o BEPS que entregan un ingreso vitalicio a 27.914 colombianos, y en la base de la estructura se ubica el programa Colombia Mayor con 1.698.000 beneficiarios.
Si sumamos la cobertura que actualmente tienen estas tres alternativas, podemos concluir que, aproximadamente, 3.500.000 personas mayores de 60 años no están protegidas económicamente o reciben ayudas de otro tipo. Es de reconocer que, en el país, muy baja población mayor de 60 años vive de ingresos bancarios o rentas. Pero la gran mayoría depende de sus familias y un poco más del 8% de los que tienen 80 años aun trabajan, según censo 2018 proyectada a 2020 por Dane. Situación alarmante para el futuro de los que ingresaremos, si la tendencia continua.
Indicábamos anteriormente, que hoy el 13% de los colombianos tienen más de 60 años, pero para el 2050 esa cifra ascenderá al 25%, conforme al programa Misión Colombia Envejece, las condiciones no tenderán a mejorar, pues el porcentaje de personas que van a acceder a pensión seguirá siendo similar al actual. Por ello se requiere una reforma pensional adecuada y adaptada a la situación, como a su vez pensar en una política pública de emprendimiento, programas de innovación plata y creación empresarial con soporte financiero para este segmento de la economía. Es decir, en otras formas de protección económica en la vejez.
Los fundamentos de una nueva política para la economía plateada.
El BID en torno a la Economía Plateada, ha planteado la necesidad de invertir e innovar en servicios de salud, desarrollo de atención a la dependencia, servicios y productos financieros, oferta de viviendas adaptadas, convergencia hacia una infraestructura urbana asociada a sus necesidades, transporte y teleasistencia, participación más activa de los adultos mayores en el mercado laboral y oferta educativa individualizada y adaptada, igualmente planes de turismo especializado. De hecho, últimamente se realizó convocatorias para fomentar la asistencia financiera y técnica a esta población en los países de ALyC.
En ese sentido el BID indica: “Sin embargo, para desarrollar el verdadero potencial de este mercado, es fundamental vencer la barrera de la discriminación por edad”.
“El edadismo impide desarrollar respuestas adecuadas al envejecimiento de la población, ya que sesga nuestra visión de la edad adulta, y limita el tipo de respuestas que podemos ofrecer para responder a sus necesidades. El enfoque adecuado sería, en su lugar, aprovechar la sabiduría, experiencia y mejores condiciones físicas y económicas de los adultos mayores hoy en día”. El futuro inmediato es plateado y convergente hacia políticas de adaptación al envejecimiento.
En ese sentido el estudio Misión Colombia Envejece, realizado por Fedesarrollo y la Fundación Saldarriaga y Concha en Colombia, manifiesta que “la relación entre la tasa de pobreza nacional y la tasa del grupo etario de los mayores de 65 años era superada por esta última en 44 por ciento, 19.6% por encima del promedio nacional. La más alta de toda ALyC.
Conforme a lo anterior es indispensable construir nuevas oportunidades para este tipo de economía y la valoración real de la seguridad económica de la vejez. No es posible que la población o el estado se olvide de envejecer, no se puede caer en una especie de escenario oscuro e incierto en el nivel socioeconómico para este segmento de población hoy y los que llegarán en el futuro. Es decir, se requieren acciones intervinientes en términos de inclusión, de forma inmediata. Para defender lo anterior, por ejemplo, cifras críticas que más adelante trabajaremos, demuestran que solo la mitad de esta población está afiliada al sistema general de pensiones y que, de esa mitad, solamente el 40 por ciento logra tener suficientes ahorros para acceder a una pensión; y a su vez, ese porcentaje de personas recibe una pensión entre 35 y 45 por ciento menor al ingreso percibido antes de retirarse.
Los estudios citados demuestran que es urgente sostener un mercado laboral, educación para la tercera edad y la inclusión financiera, elementos claves para el futuro en la tercera edad. Por ejemplo, anota el BID; “El envejecimiento activo requiere que los adultos mayores puedan trabajar en espacios seguros y accesibles aún después de su retiro, más importante para aquellos que no tienen acceso al sistema de pensiones y deben continuar trabajando. Además, en este proceso será importante generar los espacios para que las y los adultos mayores aprendan a usar nuevas tecnologías y adapten sus conocimientos para esta nueva etapa de su vida. Es igualmente importante que puedan integrarse al mercado financiero y disfruten de los beneficios de la economía digital”.
Entidades como las referenciadas han iniciado el debate en el país y en ALyC sobre este tema y han formulado proyectos de intervención. Sin embargo, siguen siendo escasos e insuficientes, por ello se requiere de un estado y gobierno más diligente en esta tendencia. Para resaltar lo anterior, hay ejemplos a nivel mundial sobre el impacto de los programas de innovación en el marco de la atención a la economía plateada, veamos:
Según Oxford Economics, en los últimos 10 años en Estados Unidos, uno de cada tres negocios fue iniciado por una persona mayor de 50 años o más. Mientras que estudios como el realizado por 50+plus Entrepreneurship Platform Europe apuntan a que los emprendimientos de este grupo poblacional son más exitosos que los de las personas más jóvenes. Lo anterior implica un escenario promisorio para este segmento demográfico. Se requiere que entidades y programas de emprendimiento e innovación empresarial, como a su vez las universidades jueguen un papel creador de condiciones para tal fin.
Necesitamos que cada vez sean más las personas mayores que se animen a emprender y se conviertan en actores importantes de los procesos económicos del país y las regiones. Por ello con ocasión de la creación del Centro de Emprendimiento, Innovación y Desarrollo Empresarial, como de la nueva Escuela de Negocios y Desarrollo Económico de la Universidad de Córdoba, trabajaremos en la política pública dinámica e intervencionista para enfrentar con criterios de diferencialidad esta megatendencia, de tal forma que o se vean a nuestros ancianos como una carga socioeconómica.



