Un palenque se define como aquel lugar que fue poblado por cimarrones o esclavizados que se escaparon del régimen esclavista durante el periodo colonial, desde ese momento el palenque se convirtió en sinónimo de libertad y resistencia ya que cualquier hombre o mujer que tocara suelo palenquero era automáticamente libre.
Existen varios palenques en la historia de la colonia en Colombia, pero fue San Basilio de Palenque, ubicado a una hora de la ciudad de Cartagena, el único que en la actualidad sigue librando esa lucha por conservar su identidad y sus rasgos culturales intactos, esta comunidad es la muestra de la dignidad por conservar no solo la historia de sus antepasados, sino la autonomía de sus territorios por encima del régimen colonial y euro centrista.
Pese la declaratoria de la UNESCO del 25 de noviembre de 2005, proclamado a San Basilio de Palenque como obra Maestra de Patrimonio Oral e Inmaterial de la humanidad, producto de todo ese acervo cultural ancestral que hasta nuestros días se mantiene generando cierta inversión en la comunidad.
No son tantos estos fondos que sostienen las vidas de los 4.000 palenqueros en el pueblo y los 10,000 más que constituyen la diáspora palenquera, sino las remesas enviadas por una red amplia de mujeres Palenqueras en Cartagena. Mujeres que, al igual al resto de la comunidad son representativas de su descendencia notablemente africana.
Estas trabajadoras han sido víctimas racismo, segregación espacial y se les ha brindado muy pocas oportunidades para su bienestar social, económico y profesional. («La construcción de un símbolo cultural en Cartagena de indias; Ronal Javier Miranda Márquez, Universidad de Cartagena, 2014)
Actualmente se vende la imagen de las palenqueras como un símbolo de la ciudad de Cartagena, vestidas con coloridos trajes y luciendo una gran sonrisa junto con sus palanganas llenas de frutas encima de sus cabezas, para muchos se han convertido en parte del atractivo turístico que tiene que ofrecer la ciudad, en especial en el Centro Histórico pero lo que muy pocos visitantes e incluso locales saben, es que fue en ese mismo lugar, donde colonizadores españoles mancharon la historia con el sufrimiento y sacrificio de sus antepasados pero las imágenes expuestas por las agencias turísticas y publicitarias difieren de la realidad.
En las más de 70 palenqueras que integran la Cooperativa Multiactiva de Palenqueras del Centro Histórico de Cartagena que incluso son engañadas por las mismas: “No me dicen para qué son las fotos, y luego las vemos en pasacalles, postales, avisos publicitarios. Cualquiera diría que nos pagan una millonada y no es así”.
Otro ejemplo es lo que actualmente sucede con ellas en tiempos de pandemia donde solo recibieron tres mercados por parte de las corporaciones turísticas y de la Alcaldía Distrital, muchas de ellas hoy se encuentran con profundas deudas económicas y no existen leyes específicas que busquen una ayuda o manutención de las palenqueras que se encuentran dentro del recinto amurallado.
Pienso que actualmente se vive un conflicto de poder entorno a lo que genera su imagen como icono dentro de la ciudad Cartagena en especial dentro del recinto amurallado; por un lado, el poder económico de la industria entorno al turismo que se ha aprovechado de su imagen pintoresca, alegre y amable para generar un símbolo comercial y por el otro el de la palenquera como mujer, como población afro, que en su pobreza sobrevive de lo que el visitante al Centro Histórico quiera regalar por una fotografía con ellas, pero al mismo tiempo de una mujer con empuje, expectativas, con voz que clama por no perder sus raíces, su cultura, su idioma, sus orígenes.
Sin embargo, habría que preguntarse ¿Quiénes se han beneficiado con la imagen actual de las palenqueras dentro del Centro Histórico?, pero además de esta pregunta es entender qué representan ellas mismas para su propia comunidad, pues la única opinión valida no está en la crítica o percepción de este columnista, sin que después de esto debatido podamos también preguntarnos: ¿Cómo sería una buena forma de mejorar sus condiciones laborales y de salud, dar a conocer su patrimonio inmaterial, su diversidad etnolingüística, gastronómica, promoviendo un turismo cultural e inclusivo?, ¿Cómo se puede sensibilizar al Distrito y a la Corporación de Turismo para la creación de una política pública cultural que las incluya?, pues es hora de dejar que ellas hablen por ellas, que el icono de la ciudad sea más real y menos ficción.



