Vivimos en un mundo donde acostumbrase al delito y a la violencia se transforma en indiferencia. Las noticias de asesinatos, muerte, corrupción, feminicidio, abusos, narcotráfico todos los días invaden nuestras vidas por medio de la tecnología que permite noticias en tiempo real.
Da la impresión que, muy lamentablemente, la generalización de la delincuencia se ha convertido en la norma. Sin exagerar podría afirmar que en algo normal, y lo peor de todo es que la gente de bien, la sociedad en general, se está habituando o acostumbrando a esta situación, mostrándose por lo menos indiferente, si no cómplice de dicha situación.
Por lo anterior, yo diría que viene como anillo al dedo, la siguiente frase de Luther King: “Más que la maldad de los malos, me preocupa el silencio de los buenos”.
Sin subestimar, desde luego, la delincuencia de tipo político y del narcotráfico, la más notoria y de mayor ocurrencia es la delincuencia común a la que quizá menos importancia se da, pero que crece a diario en formas alarmantes y por todos lados. Es, indudablemente, el principal factor de inseguridad y de perturbación en nuestra sociedad.
No deja de llamarme la atención la justificación del asesino que apuñaló hasta la muerte a una joven de quince años para robarle el celular. Afirma él que lo hizo porque tenía hambre y debía ayudar a su familia. Yo también viví en una casa de madera con escasos recursos económicos, pero yo, mis papás y mis hermanos jamás robamos y mucho menos asesinamos a nadie.
Justificar las causas de los delitos y de la violencia únicamente a la pobreza es tener los ojos ciegos y estigmatizar un sector de la población, que a pesar de sus dificultades, la mayoría lucha cada día sin la necesidad de cometer delitos. Además, todos sabemos que hay delitos, como por ejemplo la corrupción, que son cometidos por personas muy pudientes y con altos cargos en el Estado.
Curiosamente los países con índices de criminalidad más bajos tienen un sistema educativo de alta calidad, índices de desempleo por debajo de la media de la mayoría de los países del mundo, los jóvenes que salen de las universidades encuentran facilmente oportunidades laborales, los índices de tráfico y microtráfico de droga son mínimos, todos tienen acceso a un sistema de salud de calidad y los índices de corrupción son los más bajos del mundo.
Todo eso es consecuencia de las medidas de los Estados que buscan en primero lugar el bien estar de la población y que no le falte los recursos para sus necesidades sin que este se transforme en un Estado paternalista.
Ojalá el Senado y la Cámara de Representantes elegidos el pasado domingo 13 de marzo y el próximo Presidente de la Republica, en sus programas de gobierno y en su actuar legislativo tengan en cuenta el país que todos soñamos y disminuyan las injusticias sociales y todos los delitos que nos hacen uno de los país presentes en una de las “listas negra” más vergonzosas de la humanidad. Dejemos de acostumbrarnos o de ser indiferentes a esta triste realidad. Que Dios y la Virgen amparen y bendigan nuestra patria.



