Nuevamente nuestro país se convulsiona con los estragos acaecidos, no por los efectos de los paros y las lluvias, el problema de los contenedores, la hambruna galopante o el COVID 19, no, ahora se trata de los resultados electorales del pasado 13 de marzo del 2022, donde los antiguos ganadores hoy son perdedores y viceversa. Al político de sentimiento ultra personal, no le cabe en su masa encefálica ser perdedor, así tenga resuelto las tres comidas diarias, el auto, casa nueva y dineros en paraísos fiscales, se trata del “gusanillo” de la política que a la larga se convierte en un problema de salud mental político.
Ése problema de la salud mental político es el que traiciona el libre desarrollo social de la personalidad con trastornos psicológicos y emocionales que lo hacen cometer errores que van en contra de su verdadera personalidad, ya que expresan lo que no quieren decir y luego se arrepienten, pero no dan “su brazo a torcer” y se mantienen en el mismo espectro de la irracionalidad, floreciendo el estrés de la derrota, con alto “complejo de Mesías” sin ocultar la indebida obsesión por el poder, sin importar que han perdido la capacidad de carisma y empatía que tenían y su interior psicopatológico está a centímetros de desencadenar un trastorno mental tipo “sadomasoquismo”, al cual se le debe dar tratamiento clínico de forma inmediata.
Para no estar centrado solamente en lo provincial, veamos coloquialmente el famoso SÍNDROME DE HUBRIS, O LA ENFERMEDAD DEL PODER, un efecto griego que ha irradiado al mundo del que ha ostentado el poder y no lo quiere soltar. Para los griegos, significaba orgullo y arrogancia hacia sus súbditos con la creencia del “yo supremo” mostrando posturas desafiantes y demostrativas de autoridad, buscando, a como dé lugar, la imposición del poder autoritario y mantener el dominio por encima de las decisiones populares, actuaciones que hoy han retomado a nuestro entorno y son del diario vivir de perdedores políticos.
El médico Británico David Owen (Plymouth, 2 de Julio1938), considerado el ideólogo del síndrome de Hubris, expresa: “las personas que lo padecen, generalmente líderes, se sienten invencibles y consideran que los demás están equivocados. Owen especificó en su libro En la enfermedad y en el poder, que el tener tanta autoridad termina afectando el juicio de los dirigentes”.
Por otro lado el psiquiatra Harry Campos Cervera (Poeta y crítico paraguayo. 30 de marzo de 1900 Asunción), lo señala contundentemente: “Se le observa todo lo que puede tener cuando ‘se cree’ con el poder: narcisismo, imagina que lo que piensa es correcto y lo que opinan los demás no, cree que todos los que lo critican son enemigos” Los efectos en la salud mental son cada vez más evidentes en los políticos.
Jonathan Davidson (29 de mayo de 1874, Liverpool, Reino Unido), profesor de psiquiatría en el centro médico de la universidad de Duke en Durham (EE.UU.), es mucho más explícito y le dice al mundo que personajes como “…los cincuenta y un hombres que han ejercido el cargo en el Reino Unido, desde Robert Walpole (1676-1745) hasta Tony Blair (1953), un 75% de ellos sufrió trastornos mentales muchos de ellos graves, depresión severa, bipolaridad, ansiedad social, demencia, parafilias varias y alcoholismo hasta el punto de afectar al ejercicio de sus funciones”
Ello se vive y sucede actualmente en colombia, donde los electores se encuentran cansados de la doble moral política, cuando los perdedores no aceptan la voluntad popular a sabiendas que han manejado el poder a su antojo y los resultados es precisamente producto del mal gobierno y en consecuencia, al desconfiar de la dirigencia reinante, se buscan caminos diferentes a los actuales, ello es normal en todos los países del mundo.
A pesar del cambio que el pueblo ha pedido, se observa que algunos candidatos ganadores a la presidencia no proponen soluciones sino ataques personales a sus contrincantes, demostrando no ser políticos con tendencias sociales con capacidad de solucionar los inmensos problemas que llevamos de lastre, convirtiendo el espectro político en un mar sombrío con telarañas y dentro de cuatro años veremos nuevamente que los ganadores serán los nuevos perdedores.
Nos preocupa la salud mental de nuestros líderes y lideresas ya que sus familiares lo requieren físicamente saludable, sin estrés, potencialmente productivos, evitando enfermedades cardíacas o posibles accidente cerebrovasculares y enfocados a la solución de los problemas de la familia y la comunidad. Existen varios en confinamientos que ya tienen problemas de salud mental y por tal razón, el mundo debe estar atento a señales o signos de advertencia que nos indiquen que “algo anda mal”
Nos preguntamos… ¿…y que hay que hacer…? Los considerados líderes o jefes “putativos”, deberían estudiar un poco de psicología política con algo de psicología social para que puedan comprender objetivamente que está sucediendo en éste mundo y en el entorno que se quieren perpetuar y poner en práctica políticas sociales de verdadero contenido con personas capacitadas apartando el “amiguismo” como lo vimos en la actual administración de nuestro presidente Duque.
Los malos perdedores deben preocuparse de no tener estímulos de xenofobia y racismo, cambios en sus relaciones, sueño y alimentación, mirar si ya hacen parte del conjunto de los irascibles, enojados, molestos, fumadores y amigos del “perro con perro”. Los electores merecen respeto a sus decisiones.



