Ninguna causa, lucha o ideología puede justificarse con el cobarde y vil asesinado de inocentes y mucho menos cuando se trata de niños y niñas. No quiero ni pensar lo que hubiera pasado si en el lugar de los niños Ivana Salomé y Daniel Stiven hubiera muerto algún vándalo de la primera línea, seguro que de inmediato se hubiera incendiado el país.
La muerte de Ivana Salome y Daniel Stiven en el atentado del CAI de Bogotá es la prueba de que el terrorismo, el odio, la irracionalidad y el fanatismo ideológico siguen vigentes, ayudados por una justicia para la paz que aún sigue dejando en plena impunidad y campantes a diversos actores del conflicto armado.
Nadie puede aceptar que la muerte de inocentes se catalogue de buenos o malos de acuerdo con las ideologías o los autores que cometen tan horrendos atentados. Las víctimas no pueden ser, de ningún modo, trofeos exhibidos y nos debe avergonzar, como sociedad y humanidad, nuestra indiferencia ante el derramamiento de sangre de tantos inocentes.
Es inmensamente triste que la muerte de Ivana Salomé y de Daniel Stiven haya pasado casi desapercibida por una gran parte de la comunicación social, más preocupadas con las peleas de la pre-campaña electoral.
Ivana Salomé y Daniel Stiven no merecen que en este momento todos se hayan olvidado que murieron víctimas de un cobarde ataque terrorista, y que nadie haya pedido que marchemos por la vida como modo de mostrar nuestra indignación por tan inaceptable e injustificable ataque.
Espero que en las urnas, los colombianos con derecho a voto, muestren su indignación y que escojan candidatos que no estén vinculados por esos grupos pues sería avalar la impunidad del historial de muerte y destrucción en nuestro país, premiando victimarios.
Esta semana el tema del racismo (absolutamente e igualmente inaceptable, inadmisible y sin álibis de donde venga, y de eso trataremos en la columna de la próxima semana) fue tema dominante. ¿Se dieron cuenta como le dieron destaque y fuerza en a las redes y medios de comunicación a este horrible asunto? Todos los días se está hablando de lo mismo. Con los pobres niños asesinados no sucedió lo mismo.
En la polémica originada por los inaceptables comentarios racistas de la señora Marbelle y del señor Gustavo Bolívar, la candidata a la vicepresidencia Francia Márquez, en una elocuente respuesta, ofreció un abrazo ancestral que la actriz Marbelle refutó. La cantante cordobesa, Adriana Lucía se apresuró a recibir el respetuoso abrazo ancestral de la candidata a la Vicepresidencia, que además se hizo viral. Pero no la vimos a ella ni a nadie abrazar los papás y los familiares de los niños víctimas del atroz atentado.

Este es un sencillo ejemplo de que los abrazos, los temas, los comentarios en las páginas sociales, las muertes, la indignación, los acontecimientos de la sociedad, cuando son selectivos ideológicamente solo evidencian el odio, la hipocresía y lo absurdo en la cual muchas personas y la sociedad en general cayeron.
Ivana Salomé y Daniel Stiven, perdonanos porque de un momento para otro vuestra sangre derramada dejó de tener significado, porque una vez más no faltará quienes protejan y defiendan a los victimarios justificando su causa (aun sea con el voto), porque las lágrimas de vuestros papás, hermanitos y abuelitos dejaron de interesarnos y de conmovernos, porque vivimos en una sociedad de olvido, insensible al dolor ajeno y dura de corazón.
Perdón Ivana Salomé y Daniel Stiven, desde el cielo junto a todos los angelitos víctimas de la irracional violencia en nuestro país recen por nuestra y vuestra Colombia para que en cada corazón reine la paz.



