Hace unas semanas pregunté a varios estudiantes quien en los últimos 5 años habían ido a un museo, muy pocos levantaron la mano. Después les pregunté cuántos habían asistido a una obra de teatro en los últimos 5 años, ninguno levantó la mano.
Hice otra pregunta cuestionándolos si alguno de ellos en los últimos 5 años habían asistido a un concierto de música clásica o habían escuchado una obra clásica de Vivaldi, Chopin, Mozart, Beethoven, la respuesta fue idéntica a las anteriores, ninguno.
Les pregunté cuántos habían entrado en una biblioteca pública, aun sea virtual, obtuve la misma respuesta de la anterior, o sea, nadie. También les pregunté quien en los últimos 5 años había leído un Best Seller de literatura y muy pocos levantaron la mano. Para terminar mí pesquisa cultural les pregunté cuántos veían al menos un noticiero al día o leían un periódico nacional, casi nadie levantó la mano. Cuando les pregunté cuántos habían escuchado y bailado reggaetón, champeta y “perreo” casi todos levantaron la mano. Finalmente cuando les pregunté quien les gusta el “Pick Up” u otras manifestaciones idénticas, también casi todos levantaron las manos.
Sin dudas nuestros muchachos son víctimas de un sistema que los tiene alejados de todo este mundo cultural que tiene la función de equilibrar emocionalmente, culturalmente y enriquece académicamente, además de engrandecer el nivel de cultura general.
Los jóvenes no buscan estas alternativas culturales porque jamás escucharon oír de ellas, porque no tienen acceso a este tipo de espectáculos, además las mismas familias están equivocadamente alejadas de este mundo cultural. El déficit es inmenso y altamente preocupante. El mundo donde se mueve la juventud está enclaustrado en unos géneros musicales soeces, que humillan y maltratan al género femenino, con alto contenido pornográfico y que además, en algunos casos, sus letras incentivan al consumo de sustancias psicoactivas y a la violencia.
Lo más preocupante aun, es que este tipo de géneros musicales les encantan a los niños aunque a veces no entiendan el verdadero significado de sus absurdas “prosas literarias”. Las agendas culturales deberían estar presentes en las instituciones educativas y sobre todo en un modelo educativo que debería potenciar los valores artísticos, deportivos y culturales de nuestros jóvenes.
Hace unos días un padre de familia egresado de una muy noble Institución Educativa de Sincelejo, me decía que en su tiempo existían grupos de teatro, grupos de periodistas, grupo de investigación en varias áreas del saber y que eso ayudaba a los estudiantes en el desarrollo de sus potencialidades y cualidades. Lamentaba el padre de familia que todo eso desapareció y tiene toda la razón.
Espero que en el debate político del momento, los candidatos presenten propuestas viables para cambiar este lamentable estado de déficit cultural en el cual nuestros niños y jóvenes están inmersos.



