Por efectos de la encarnizada lucha por el poder político, social y económico que vive Colombia, los candidatos en contienda intentan llegar a como dé lugar al electorado a fin de ser electo Presidente de la República en primera vuelta el próximo 29 de Mayo del 2022, o en su defecto en segunda instancia el 19 de Junio del presente año.
Para ello, a más de las infantiles y estúpidas confrontaciones, con relación al hablar corroncho, o montañero, de cómo tiene el cabello y quien es su peluquero, están prometiendo lo “divino y lo humano”, con propaganda negra y encuestas “chimbas” para engañar al electorado. Pero lo que más indigna es cuando se dan golpes de pecho con frases que repiten de campaña en campaña, año tras año y nunca cumplen, acabar con la corrupción, con las maquinarias políticas, no a reformas tributarias que maltraten a los sectores populares, “sacar todos los ladrones del Gobierno», “moralizar la política” acabar con la hipocresía y oportunismo político, cuando de gobierno en gobierno, se prometen y nunca lo cumplen.
Lo que debería ser un tema de debate político con propuestas serias y realizables es lo concerniente a la pobreza multidimensional y la pobreza monetaria, que es el resultado o producto final del legado de la corrupción, ligados estrechamente a los conocidos, sobornos, intercambio de favores y fraudes empresariales, que están enraizados y difíciles de eliminar por estar enquistados en los llamados seres de “Cuello Blanco”.
Para una mejor ilustración en la materia, la pobreza multidimensional la define la MPPN (Multidimensional Poverty Peer NetWork (https://mppn.org/es/pobreza-multidimensiona), “como la falta de dinero. Sin embargo, los propios pobres consideran que la pobreza es mucho más amplia. Enfocarse en un solo factor, tal como el ingreso, no es suficiente para capturar la verdadera realidad de la pobreza”.
Por tal razón, el DANE, apoyado en la metodología de Alkire-Foster (ECDPM, 2013) y con base en quince variables que determinan las cinco dimensiones más importantes que reflejan la pobreza y que son: “educativas, condiciones de la vivienda y servicios públicos, condiciones de la niñez y adolescencia, salud y trabajo”.
En esas cinco aristas es dónde nuestros candidatos presidenciales deberían enfocarse permanentemente con soluciones diáfanas y cumplibles dentro de las políticas públicas que piensa implementar al llegar al Solio de Bolívar, y con ello allanar el camino para mejorar la calidad de vida, con cero corrupción, para que el 40% de nuestra población no sea considerada multidimensionalmente pobre”.
Veamos el otro escenario. La pobreza monetaria. El DANE lo manifiesta de la siguiente manera: “…identifica a los pobres de una manera indirecta a través de la comparación del ingreso per cápita de la unidad de gasto con el costo monetario de adquirir una canasta de bienes alimentarios y no alimentarios, a través de un umbral mínimo”. En otras palabras, es cuando un mártir trabajador, o cuatro de su entorno con ingresos menores de 1,4 millones de pesos (359 dólares), no les alcanzan para alimentar a su familia a más de los gastos de vestuario, salud, útiles escolares, vivienda y servicios públicos entre otros.
Los informes del DANE, nos indican que para el 2021 más de 19 millones de compatriotas, es decir 40% de la población, estaban en condición de pobreza y subsistían con menos de $354.031 en promedio mensual, sin embargo, disminuyó 3.2 con relación al 2020, año fatídico para el mundo producto de la Covid-19. El departamento del Chocó (64,8 %) y el de La Guajira (56,6 %) fueron los de mayor incidencia de pobreza monetaria y Antioquia (27,6 %) y Valle del Cauca (29,3 %) con las de menor incidencia.
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Pero la pobreza monetaria extrema, sigue campante y en forma ascendente, más de dos millones de personas mal contados subsisten con menos de 161,099 pesos (unos 40 dólares) muy a pesar de la disminución del 2021 con relación al 2020, que pasó del 15,1 % al 12,2 %, y desafortunadamente los departamentos banderas siguen siendo La Guajira y Chocó, mientras que Tolima y Antioquia las de mejor comportamiento en cifras porcentuales.
Para las cabeceras municipales, la economía subterránea, entre las que se destaca la informalidad laboral, son culpables en parte de la pobreza multidimensional y monetaria y ni hablar de las zonas rurales, donde el Estado ha fallado, por muchos años, por falta de presencia con políticas públicas de bienestar para proporcionarles las condiciones mínimas y garantizar una vida digna en elementos esenciales como la salud, educación, acueducto y alcantarillado, e infraestructura para comercializar sus productos de la canasta familiar.
Esperemos que los candidatos nos entreguen sus propuestas no politiqueras y cumplibles para salir del empleo de corta duración o del trabajo informal, el abandono escolar, la hambruna, el corredor de pobreza de la región Pacífica y del Atlántico, la falta de oportunidades para nuestros jóvenes y el aumento del porcentaje de jubilación para una vejez digna y confortable.



