No soy quien para hablar de justicia, porque sobre ese tema seguramente los expertos en esa área están mucho más preparados para desglosar las polémicas referentes a este tema. Pero como ciudadano tenemos el derecho a opinar, y creo que lo que voy a escribir tiene que ver con una percepción general sin entrar en el mérito de los procesos que se están desarrollando en los diversos escenarios de la justicia Colombiana.
Colombia sufrió décadas de violencia y hoy en día se busca, por medio de instituciones que ya existían y otras que fueron creadas, construir la verdad de los hechos y sentenciarlos. La verdad, justicia, reparación y no repetición acompañada de una sincera y verdadera reconciliación, son necesarias para que las víctimas sanen heridas, sean indemnizadas y los victimarios paguen por los delitos que hayan cometido, aun sea enmarcado en un necesario tratado de paz, de cese total de la violencia y de una Justicia Especial para la Paz.
Sea quien sea, el apellido que tenga, el cargo que ocupe, quien haya sido en el pasado o piense ser en el futuro, sea quien sea el ciudadano que haya cometido algún delito, sin quitarle la presunción de inocencia, debe enfrentar este proceso de verdad, justicia, reparación para que alcancemos una reconciliación y paz duradera en nuestra amada Colombia.
Es lamentable que por colores o ideologías políticas existan víctimas o victimarios cuando les convienen. Hay una percepción general que vivimos una ideologización de víctimas y victimarios según los convenientes aranceles políticos y una peligrosa politización de la justicia a conveniencias del mejor mentor, lo que le quita la honesta imparcialidad, independencia y separación de poderes.
Proclaman que la justicia debe ser respetada y obedecida cuando procede contra el adversario o contra el enemigo personal, pero la atacan cuando lo hace contra ellos mismos o sus aliados. Si la justicia procesa y juzga al contrario ideológico es justicia límpida; cuando pone la lupa a los amigos y afines, o remotamente los castiga, es corrupta.
Los que utilizamos el dedo para opinar libremente expedimos diplomas de honestidad si el destinatario sea afecto a la propia corriente, aun haya sido victimario. Somos capaces de perdonarle todo a uno y condenarle todo a otro según nuestros ciegos y absurdos cultos de personalidad o según nuestras convicciones políticas, ideológicas, religiosas, culturales etc.
En medio de todo este embrollo no deja de ser lamentable que las víctimas sean prácticamente abandonadas a su suerte y usadas cuando los intereses personales o ideológicos se imponen. En los recién acontecimientos algunos reaccionaron muy preocupados por la verdad y las víctimas, cuando en sus filas tienen victimarios que los apoyan, gozando de impunidad, mintiendo y sin jamás preocuparse por sus víctimas. Eso se llama hipocresía.
Así como tenemos la sensación que la justicia está actuando, y muy bien, ante la búsqueda de la verdad, la aplicación de la justicia en un justo proceso, y en la escucha y reparación de víctimas y la no repetición de algunos temas candentes del pasado y presente de Colombia, también tenemos la preocupante sensación de la casi total impunidad en otros temas como si la justicia estuviera protegiendo a victimarios.
Para el bien y la tranquilidad de todo el pueblo colombiano y el respecto que nos merecen todas las víctimas, que la ley sea realmente igual para todos y la justicia actúe con la misma celeridad en todos los temas sin presiones o sesgos ideológicos que la coartan o limitan.



