En Cartagena de Indias para nadie es motivo de asombro una acción sicarial, una muerte violenta ejecutada por un asesino pagado. En lo que va de este año 2022 varios sectores de la ciudad se han manchado de sangre con fuego cruzado y las autoridades que se suponen deben salvaguardar nuestra integridad no dan razón de nada ni la Policía ni mucho menos el Gobierno Distrital. Las estadísticas están disparadas.
Tuvo que ocurrir el asesinato de un fiscal antidrogas paraguayo para que el alcalde William Dau Chamat diera una timina declaración. Es de destacar que este señor solo se muestra tímido ante esta situación, pues el resto del tiempo y en todo lo que no es institucional suele ser muy elocuente, extrovertido, descuidado, indiferente e irresponsable.
Hace ya unos meses, cuando el gobierno norteamericano declaró a Cartagena de Indias como un destino peligroso, este nefasto alcalde salió con su característica actitud bufonesca, diciendo que aquí todo estaba bien, que solo bastaba con que los turistas no salieran a pasear a lo que llamó “Barrios Tenebrosos” pues bien las playas privadas del hotel Decameron en Barú podría decirse hoy que se convirtieron en un sector tenebroso, o que decir del atraco a mano armada del que fue víctima un residente del barrio Castillo grande en la puerta de su casa, a escasos metros de la Policía.
¿Pero qué origina toda esta inseguridad en la ciudad? Especulaciones nada infundadas hay por doquier se habla incluso de guerra entre carteles mexicanos que pelean por el dominio del territorio. Hace poco desde el Concejo de Cartagena, Cesar Pión Gonzales denuncio que hay una amenaza de muerte que pesa sobre uno de los cabildantes, el terror abriga nuestra ciudad.
¿Pero qué están haciendo las autoridades con respecto a estos hechos? En apariencia nada, pues esto es pan de cada día y no merman por el contrario son progresivos.
En medio de todo lo anterior es vergonzoso decir que no son estos los únicos escenarios de violencia al que estamos expuestos hoy, otra clase de terrorismo hay en la Heroica ciudad al que hemos estado expuestos y del que muchos cartageneros dolientes de hemos sido víctimas y es el sicariato de la moral, arremeter contra la dignidad de una persona es un hecho repudiable es vil propio de gañanes que carecen de valores humanos y sobre todo son cobardes que se esconden tras una posición de poder y con nuestros recursos pagan descaradamente por su impunidad y como yo nunca he sido cobarde hablaré con nombre propio, William Jorge Dau Chamat es un psicópata de la moral, un ser sin escrúpulos, capaz de todo con tal de satisfacer su ego y en este afán masacra a través de redes sociales qué es su arma favorita a todo aquel que no aplaude su espurio proceder; al caído caerle se podría decir, es como bailar sobre la tumba de un muerto, acribillar moralmente a una persona para con esto tratar de tapar sus falencias administrativas que son muchas o mejor dicho son todas.
¿Qué sanción hay para alguien capaz de acabar con la moral de una persona? ¿Qué justificación hay para la bajeza de esta conducta? ¿Acaso no hay un detente para este tipo de comportamientos?
Gritar malandrines e insultar a todo el que se pase por su mente no es la conducta de un activista anticorrupción como él se hace llamar. Alcalde usted es un psicópata de la moral que bajo los efectos sabrá usted de que, disfruta acribillando la dignidad de sus detractores y de todo el que considere su enemigo. Yo también quiero que me demande, porque también quiero que se haga el examen en medicina legal.



