Es tema obligado en cada conversación cartagenera el caso de la presidente del Concejo de Cartagena Gloria Isabel Estrada Benavides quien junto a su pareja sentimental Martin Barreto y el productor musical Avelino Villamizar fueron víctimas de un hecho infame y sin precedentes en la política local, un montaje que involucra a miembros de la Policía Metropolitana de Cartagena, a un concejal de Cambio Radical, un edil y un alcalde local según se evidencia en el material probatorio que aportó la defensa de los mencionados y cuyo material motivó la revocatoria de la medida de aseguramiento contra estos tres.
Al momento en que se dio a conocer la captura fue inmediato el pronunciamiento del Comandante de la Policía a quien no se le enredo la lengua para dar declaraciones y alardear de la espuria captura, era imposible que nuestro alcalde no saliera como es su costumbre a comer del muerto y hacer afirmaciones que socaban el buen nombre de tres personas que fueron víctimas de un trampa, que vaya uno a saber quién más está detrás de ella.
Vimos senadores con ínfulas de inquisidores sentenciando implacables, tal vez buscando la gracia de Dau, muchos aparecidos en el ámbito político que con la pandemia se graduaron de influencer salieron rasgando sus vestiduras y exigían la renuncia de la concejal ¿Y porque tendría que hacerlo si ella está segura de su inocencia? El mismo Partido Liberal que desde el jueves saco pecho fue el primero en castigarla y ni que hablar de los gremios, inquisidores solapados que persiguen a todo aquel que no esté en su círculo, me pregunto ¿si cada miembro de este selecto grupo resiste una exhaustiva investigación del origen de su patrimonio?
Las declaraciones del General Zapata en televisión nacional dejan muy mal vista a la institución que representa ¿quién le responde a estos tres ciudadanos por lo ocurrido? Sobre la presidenta del Concejo Distrital pesa hoy una amenaza que pone en peligro su vida y la de sus personas cercanas, pero es tema de otra columna.
El hecho de verse privados de la libertad es caer en desgracia, pues está es el don más preciado que tiene un ser vivo y si a esto le sumamos el acribillamiento social al que fueron sometidos por parte del más despiadado sicópata de la moral que tenemos los cartageneros que es el mismo Alcalde Dau, quien se extasía haciendo trisas la dignidad de todo aquel que considera su enemigo, este estatus es logrado por todo el que haga oposición a su inexistente gestión.
Gloria Estrada ha hecho oposición frontal y ha denunciado las irregularidades de los que este señor denomina “mis funcionarios” lo mismo ha ocurrido con otro concejal caído en desgracia y es Cesar Pion, único cabildante que ha dado debates claros con temas como el Plan de Ordenamiento Territorial, razón suficiente para que esté señor y sus amigos, a quienes obedece fielmente destrozara su honra y moral.
Mientras esto ocurre seguimos esperando a que los tiranos dueños absolutos de la moral rompan ese voto de silencio auto impuesto y selectivo, seguimos esperando ese pronunciamiento que por dignidad exigía renuncias, hoy que las pruebas son fundamentadas y no un teatro mal tramoyado el silencio de los tiranos retumba en la ciudad.
Que se castiga en realidad ¿ser una piedra en zapato con debates serios y bien argumentados?
Cuando los tiranos callan es generalmente por indiferencia o como en este caso porque es la manera más fácil de evadir la disculpa pública, que no repara el daño moral causado pero da muestra de calidades humanas que por lo visto son inexistentes.
Sus silencios han sido tan selectivos, como las condiciones mismas para entrar a su gremio que más bien parece una logia a la cual muchos arribistas han querido pertenecer, manejan a su antojo la ciudad.
Es increíble que ante lo ocurrido nadie se pronuncie, parecen caines matando moralmente a sus hermanos, pues de ser cierto todo lo que se aportó en el material probatorio hablando del caso de concejala Estrada y siendo el cabildo una hermandad de la democracia, solo la muerte es comparable a lo ocurrido.
Entre tanto por los gremios, otro silencio acosa pero no es ese silencio de complicidad e indiferencia, es un silencio terrorífico, el que invade a la Alcaldía Local Dos, los ediles ni los funcionarios se atreven a hablar, nadie comenta ni protesta ante lo que está pasando ¿será acaso e que entre tanta capacitación (en eso convirtieron el presupuesto de esta localidad para poderlo desangrar) se les haya olvidado hablar? o ¿será más bien el miedo? Pues ya hemos sabido de amenazas que circulan entre ediles y funcionarios; en medio de este escenario el señor Andy Reales, permanece atornillado a su cargo, el alcalde no ha hecho un en vivo pronunciándose al respecto, no han salido los epítetos, ni frases despectivas.
Señores Cámara de Comercio de Cartagena, Consejo Gremial de Bolívar, Cartagena como vamos el silencio los hace tiranos.



