Grabada en la memoria los rostros de aquellas mujeres que fueron asesinadas por el único hecho de ser mujeres, es necesario preguntarse ¿Qué pecado es el que estamos pagando? ¿Por qué hoy tenemos miedo de salir a las calles solas? ¿Por qué sigue sucediendo esto?
Son muchas las preguntas que tenemos, pero queda claro que en ningún lugar del mundo estamos seguras, podemos definir al feminicidio como la forma más extrema de violencia contra la mujer y una de las manifestaciones más graves de la discriminación hacia nuestro género.
Cada día un promedio de 137 mujeres alrededor del mundo muere a manos de su pareja o de un miembro de su familia, en donde el 67% tenían entre 18 y 35 años, esto de acuerdo con la ONU, aunque no es de extrañar que en los diversos medios de comunicación tales como televisión, internet, la prensa, entre otros, nos hagan saber casos de asesinatos de mujeres a manos de su pareja o de desconocidos, así como circunstancias en la que mujeres no identificadas son halladas muertas.
Tal es el caso de Debanhi Escobar joven cuyo único delito fue el ir a divertirse a una fiesta con sus “Amigas”. Existen muchas interrogantes sobre este caso como ¿Por qué no se encontró antes el cuerpo si estaba a metros de donde desapareció?
¿Por qué el motel no entregó los videos de sus cámaras de seguridad? ¿Por qué el taxista dejó a Debanhi en mitad de la noche y le tomó una foto? Si bien, aunque es un hecho muy lamentable, es necesario cuestionarse si este caso no se hubiera hecho viral, tal vez nunca la hubieran hallado, es aquí donde me pregunto ¿Por qué la mayoría de nuestra sociedad tolera y calla los asesinatos contra las mujeres? ¿Por qué no queremos hablar del tema? ¿Por qué es tan difícil ponerse en los zapatos de los familiares de estas mujeres?
Es indignante el saber y conocer que en todo el mundo el feminicidio no se investiga y que muy pocos lo toman en serio, y aunque existimos quienes queremos hacer visibles a estas mujeres, no ha sido suficiente. Muchos alegan que las mujeres tenemos la culpa por vestir provocativamente, por ponernos ropa entallada, faldas, vestidos, shorts, que por ello los delincuentes nos agreden, que por ello nuestras parejas sienten celos y terminan violentándonos, ya
¡Basta! De estos prejuicios, las mujeres no tenemos ninguna responsabilidad para que se den tales actos de violencia, nadie absolutamente nadie tiene porque violentar nuestra integridad, nuestro cuerpo, y nuestra vida.
He aquí las autoridades deben aplicar penas más severas para estas personas que atentan contra la vida de una mujer, pues de no ser así, las cifras seguirán en aumento, ayer fue Debanhi, hoy puedo ser yo y mañana tú, tomemos conciencia, busquemos elaborar y fortalecer métodos que ayuden a entender el contexto social del feminicidio, incluyendo las desigualdades sobre razón de género.
Porque definitivamente los feminicidios solo reflejan las dimensiones de la estratificación de género y las diferencias en las relaciones entre hombres y mujeres, si no lo hacemos nosotras ¿Quién? Y si no es ahora ¿Cuándo?



