El próximo domingo, los colombianos están llamados a la gran fiesta de la democracia. Por medio de su derecho y deber al voto, podrán escoger, en total libertad, quien nos gobierne en los próximos cuatro años. Siempre he tenido claro, que cuando se me permite votar no me fijo solamente en las propuestas económicas, pero también en las propuestas que van al encuentro de valores de la fe que para mí son innegociables como por ejemplo la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural.
Pero me permito hacer unas consideraciones sobre el voto del católico que me parecen fundamentales para un discernimiento necesario a la hora de votar:
- El católico debe votar y no abstenerse de su participación en la vida pública de su respectivo país. Debemos dar ejemplo de participación democrática. Participar en las votaciones, es nuestro modo de dar voz a lo que deseamos y al proyecto que cada uno cree ser el más necesario para el país.
- El católico no vota contra nadie, eliminando la motivación del odio y de la venganza. Usar el voto para venganzas o entonces para destilar el odio por circunstancias dolorosas del pasado, jamás sanará las heridas abiertas por la violencia de tantas décadas. Al contrario aumentará la sed de venganza y jamás alcanzaremos una verdadera reconciliación y paz.
- El católico debe escuchar con cordura todas las propuestas y discernirlas a la luz del Espíritu Santo para abrazar el proyecto político que más se identifica con los valores del evangelio y de la doctrina de la Iglesia y rechazar todas aquellas propuestas contrarias a la voluntad de Dios expresas en su Palabra y en el magisterio de la Iglesia. Para ese discernimiento es fundamental la oración.
- El católico debe ejercer su derecho a voto en total libertad de consciencia y sin venderla al mejor postor. El voto de conciencia debe ser nuestro modus operandi, después de haber orado y discernido con la ayuda de Dios sin dejarse limitar o intimidar por ningún tipo de presiones.
- El católico a la hora de discernir debe conocer a los candidatos más allá de la pantalla o slogans, conocer sus propuestas a fondo, conocer su historia, ya que la actuación en el hoy no es una manifestación completamente reveladora de lo que se ha hecho o defendido en el pasado, saber quiénes son los que los apoyan, no olvidando el refrán popular. “dime con quién andas y te diré quién eres”; saber qué lugar ocupan los pobres y desvalidos en sus propuestas, qué lugar ocupa el derecho a la vida desde su concepción hasta su muerte natural, que tipo de familia defienden, saber qué lugar ocupan los niños, las mujeres y los adultos mayores en su mirada de futuro, y que harán para la sostenibilidad de nuestro planeta.
- El católico debe evitar votar movido por pasiones irracionales y cultos de personalidad que ciegan la inteligencia, disminuyen la sabiduría, aumenta la ceguera por fanatismo ideológico embaucando en una actitud de “dictadura” psicológica y mental que no permite un discernimiento responsable y a la altura de un ser racional e inteligente. Es como si alguien estuviera tan ciegamente enamorado, sabiendo que lo está engañando.
No vayamos a votar sin orar. Y que Dios permita que todo el proceso se desarrolle en paz, sin violencia y trasparencia. Que el Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen del Rosario de Chiquinquirá proteja y bendiga nuestra hermosa patria.



