Cada vez que se inicia en Colombia una contienda electoral, se populariza los famosos dichos “…el que busca encuentra…” o “…el que escarba…encuentra…”. ¿Quién en su santo vivir no tiene un escondido o escondrijo bien guardadito…? Allí, en ese escaparate del pasado y presente debe haber de todo “como en botica” y es donde los especialistas en difamar, tergiversar, avergonzar o acabar, acceden para estigmatizar y derrocar a su contrincante politicastro. A ello se le llama coloquialmente Propaganda Negra
Ello no es nuevo, se utilizó en la segunda guerra mundial donde alemanes, estadunidenses, británicos, italianos, polacos, franceses, con sus infiltrados descubrían procederes de sus adversarios que eran utilizados como arma psicológica de masas para la desestabilización de los gobiernos en contienda, dándoles a entender que estaban perdiendo la guerra. Los políticos del mundo muy dados a permanecer en el poder, se apropiaron de éstos modelos, muchas veces decisivos para el triunfo bélico y lo empezaron a utilizar en forma personal.
Ésta clase de propaganda ha sido del resorte político de personajes siniestros que han manejado sus países, Hitler. Mussolini, Trump, Bolsonaro, pero también por empresarios deshonestos con fines políticos-comerciales y en nuestro país, la mayoría de candidatos presidenciales desde antes del famoso Frente Nacional hasta nuestros días lo han implementado, aún cuando, solapadamente digan que no han estado inmersos en dichas componendas negras, a más de políticos y aspirantes a gobernaciones y alcaldías de todos los partidos, que por supuesto, han utilizado ésta herramienta para el logro de sus objetivos.
Lo anterior nos indica que fue en el siglo XX y producto de las guerras cuando se identificó el concepto profundo de la propaganda negra, y con la aparición de las redes sociales como una herramienta política de marketing, se viralizo de tal manera que ya hace parte de una profesión o un arte especifico de forma permanente. Si observamos las diferentes facetas de las redes Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger, Instagram, WeChat, TikTok, QQ, Douyin, Sina, Weibo, Telegram, Snapchat y Twitter, es impresionante la cantidad de información falsa que allí se emite.
En toda contienda electoral, los candidatos se exponen al escrutinio malévolo o al invento de noticias o sucesos falsos, normalmente, estos impulsadores de la propaganda negra son pagos por políticos o empresas que desean desprestigiar o desmoralizar la imagen del adversario, sin importar las consecuencias sociales o familiares que ello pueda acarrear.
Como uno de tantos ejemplos en Colombia, quien no recuerda los famosos y millonarios contratos en el 2010 y 2014 de Juan Manuel Santos, con Juan José Rendón y su empresa JJ Rendón & Asociados, quien asesoró no solamente al expresidente Santos, sino a muchos candidatos presidenciales en el mundo, por citar, al candidato presidencial de Honduras Juan Orlando Hernández y políticos de carrera obsesionados con el poder, a pesar de que Rendón era considerado “el rey de la propaganda negra y la rumorología”, experto en destruir al adversario, rebuscando y rebuscando hasta en lo más profundo de sus entrañas, para potencializar a su contratante, dimensionando situaciones normales del diario vivir, presentándolo como un adefesio o como una amenaza para la democracia y estabilidad de un país o región.
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Lo interesante de todo este embrollo politiquero, es que los que han utilizado la propaganda negra como medio de impulsar sus campañas, ahora salen con el cuento de que son los “pobres afectados”, ella es la doble moral de la política cuando saltan epítetos que pueden ser bumerang “mafia organizada”; “representa todo lo que está mal en la política colombiana”; “Se comportan como lo que ya sabemos: una mafia para acabar con cualquiera que no aplauda sus componendas”; «todo saldrá a la luz», «No me sorprende lo que hizo la campaña, para desprestigiar a sus rivales políticos”.
Lo sofisticado de las campañas negras es impresionante, ya no sólo son las grabaciones e interceptaciones, se trata de enfocarse en temas delicados donde más le duela al contrincante, donde lo desmoralice no solamente a él sino a su entorno sin importar la información inventada, lo que importa es vender la imagen de su candidato como cualquier producto de consumo
Lo mejor de toda esta historia es que a una gran parte de la población le gustan las campañas negras, las reproducen y las mejoran o desmejoran para causar efectos buscados y los internautas caen en comentarios desobligantes sin intentar buscar si la información es verídica o falsa, llegando a extremos de discusiones bizantinas entre amigos y familiares que han desencadenado, inclusive en tragedias como muertes, separaciones y enemistades. La sociedad debe atemperarse y no caer en la trampa de la propaganda negra.



