Devaluada la confianza es imposible que recupere su valor inicial, es mucha el agua que ha pasado bajo ese puente y mucha la contaminación que en ella lleva.
Los Cartageneros hemos perdido la confianza en las instituciones y no es fortuito este escenario, tras tantos años de desidia y malas jugadas dónde es el pueblo quien asume las consecuencias de esta situación, en la que nosotros como ciudadanos también tenemos gran parte en esta carga, nuestra indiferencia ha sido cómplice de todo lo que ha pasado, ese desinterés irresponsable que nos hace pensar que si no lo sacas literalmente de mi bolsillo no me afecta, nos tiene convertidos en el desastre que hoy somos.
Cada vez que el presupuesto no es ejecutado de conformidad con lo que se aprobó en el plan de desarrollo y como lo establece la ley, nos están sacando la plata del bolsillo, recordemos que ese presupuesto se nutre de nuestros impuestos y así usted no pague predial, industria y comercio etc, cada vez que usted consume un producto, cualquiera que sea, ahí va incluido ese importe, entonces todos tenemos derecho a reclamar por qué las cosas se hagan bien, por qué las vías estén en buen estado, tenemos derecho a exigir a los funcionarios públicos que cumplan a cabalidad con sus funciones, no es un capricho, es nuestro deber, imagínese usted que llega a un almacén y quién le atiende le cobra el bien o servicio por capricho sin que satisfaga su necesidad o por el monto esa persona considere sin que nadie diga nada. ¿Cuál sería su reacción?
Pues lo mismo pasa cuando hablamos de las obligaciones del Estado, sea cual sea el espacio que lo represente, Alcaldía, Gobernación, Concejo, Asamblea, entes de control, ministerios etcétera ¿Qué pasa si el Distrito contrata el PAE sin un estudio de calidad de los alimentos que se entregarán a los niños que se beneficiarán con este programa? Pues no solo se estaría incurriendo en una falta gravísima, estaríamos atentando contra la vida de los beneficiados con este Plan. ¿Qué pasa si las vías en mal estado no solo afectan la integridad de su vehículo, sino que también afecta la movilidad?, misma que hoy es solo una palabra que los Cartageneros ignoramos si significado de tanto tiempo de tener una eficaz.
Como ciudadanos hoy sin temor a equivocarme, me atrevo a decir que nos sentimos todos insatisfechos con el desempeño no solo de la actual administración, sino de las anteriores, el paso de Dionisio Vélez por la alcaldía de Cartagena fue por decir lo menos vergonzante, su obra de infraestructura más representativa fueron las torres de Tecnar y eso sin contar que entregó la ciudad al “Clan Char” a cambio de impunidad absoluta, el tristemente célebre Manuel Vicente Duque y todo el escándalo alrededor de la elección de la Contralora Nubia Fontalvo y la degradación absoluta del concejo dejando la mayor parte de sus miembros subjudices durante más de la mitad del anterior período, o el breve paso de Quinto Guerra que aun sabiendo de su inhabilidad se hizo elegir alcalde, haciendo otra metástasis del cáncer de la corrupción que seca cada día a esta harapienta tierra. Encargos, administraciones fallidas, escándalos y finalmente un presente que parece una comedia de mal gusto, la ciudad en manos irresponsables, con total desprendimiento de las normas, absoluto desconocimiento de realidad y un total irrespeto a la institucionalidad, rodeado de funcionarios que lo siguen en su comportamiento, por temor tal vez, solo basta echar un vistazo al desmedro administrativo en las alcaldías locales, un festín de capacitaciones, alcaldes locales sin escrúpulos obedientes a un “patrón” que se impone y es capaz de todo, directores de departamentos tan importantes como el de la salud, en suspensión gracias a su negligencia y despotismo, asesores estrella como Ana María González que toman decisiones aún por encima de lo que la ley y la norma establecen y que estás mismas hoy nos tienen a la víspera de otro encargo esta vez en hora buena, pues sería como remover un tumor maligno.
Si algo hay que resaltar de todo el mal que Dau ha causado a la ciudad, es que gracias a su falta de gobernanza, el Concejo de Cartagena se empoderó de su función y hace hoy un control político estricto y meticuloso, es vigilante y celoso del erario, aún en medio de todas las adversidades.
Creo que tocamos fondo, es hora de pararse y empezar a escalar para salir del pozo que parecía sin fondo.



