No sé si es una nueva era lo que a partir del domingo 19 de junio, pudimos ver los colombianos, lo que sí está claro es que la voluntad del pueblo es un poder absoluto, la soberanía popular prevalecerá así haya permanecido adormecida o en nuestro caso en un estado cataléptico, en el que la oligarquía rancia y ya manida de tanto vicio nos ancla y no hunde.
Somos un país de hechos históricamente vergonzosos, este siglo ha estado caracterizado por el dolor, por todo lo que nunca debió ser y lo peor es que aún hay un sector que no solo lo justifica, niegan lo que está a la vista, en un afán que aún no logro entender, desprovistos de toda clase de empatía. El siglo pasado sin duda alguna estuvo lleno de violencias, el presente no es diferente, por el contrario, los hechos siguen el mismo hilo conductor y parecían llevar a un destino mucho más sangriento.
No creo que para los colombianos sea algo fácil de olvidar seis mil cuatrocientos dos personas que sin ningún pudor fueron vilmente asesinadas con el fin de acabar con un grupo delincuencial que llevaba en ese momento más de cincuenta años haciendo de este un país de terror y muerte, un ejército que se hizo llamar guerrilla para delinquir a sus anchas.
Pero este siglo también ha tenido buenos momentos, un proceso de paz, que aunque censurado de manera inexplicable por las mayorías, luego de una campaña perfecta que atacó los bolsillos, la fe, la sexualidad y todo lo que sea posible imaginar, le hicieron creer a muchos que la guerra y el conflicto son mejores, que es mejor un combate armado a una negociación, que es mejor morir, eso sí quienes promueven está nefasta idea no son quienes aportan vidas, ni sus familiares o amigos, esos que los aporte el pueblo. Este siglo también vimos como un país tuvo que votar si quería la guerra o la paz y ganó la guerra, pero se impuso la paz, misma que ya ha sido saboteada y hecha trizas, también por un refrendo Anti corrupción y ganó la corrupción.
Hoy estamos ante un hecho histórico que llena de grandes expectativas a algunos y de grandes temores a otros. Mi posición es de optimismo y dejo ese nadaísmo político a un lado, tantos años esperando lo peor y no siendo decepcionada en esa espera, nos hicieron sumergir en un charco de incertidumbres y no nos dejaba ver el océano de oportunidades que el mundo entero ofrece.
Yo creo en la teoría de la evolución, se que los cambios no se dan como si fueran un interruptor que prende y apaga, son paulatinos y tienen un principio, un detonante que da inicio a todo, hoy siento que detonamos el cambio hacia una política social, ambiental, económica que va de acuerdo a las necesidades del mundo moderno y que apuntan siempre a una vida de calidad. Mi sensación hoy es de optimismo. Yo si espero que seamos potencia mundial de la vida.



