La selva se cierra dejando ver únicamente los caminos por lo que ya han pasado cientos de migrantes, en su mayoría venezolanos que han dejado a su paso el equipaje que les sobra, todo aquello que se puede considerar como una carga en medio del duro camino que implica atravesar una de las selvas más complejas del mundo: el Tapón del Darién, aquella sección verde que separa Colombia de Panamá y que oculta peligros, muerte y soledad.
Estos «viajeros» han salido huyendo de sus países de origen por falta de oportunidades y ponen su ojos en el sueño americano, en lograr llegar hasta Estados Unidos donde esperan tener más oportunidades que las que se pueden presentar en Suramérica, pero solo se interpone un «pequeño» obstáculo. La frontera colombo-panameña está dividida por un pulmón verde con una quebrada topografía, ríos y quebradas que serpentean por toda la región y animales salvajes que cuidan y protegen su territorio.
A esto se suma la humedad, las elevadas temperaturas, y las enfermedades tropicales que amenazan con dejar sin fuerzas hasta el más resistente de los migrantes. El camino comienza a distinguirse fácilmente por la cantidad de basura que se va asentando en el lodoso suelo y los familiares, amigos o compañeros de aventuras que van quedando abandonados al convertirse en una carga para aquellos con quienes comenzaron la travesía.
Las autoridades han tratado de evitar que estos migrantes se aventuren a través del Darién, que en su afán por llegar a Panamá, muchas veces terminan encontrando la muerte, a este llamado se suman el de aquellos que logran superar la travesía y que a través de las redes sociales hacen un llamado a sus conciudadanos para que no se aventuren por la espesa selva porque pueden perderlo todo solo por el afán de buscar el sueño americano.
Los registros no solo dan cuenta del duro camino sino también de aquellos que se suman a las víctimas que la manigua se traga, de aquellos que los animales salvajes utilizan de alimento, impidiendo a sus familiares dar cristiana sepultura y convirtiendo la selva en un campo santo lleno de almas que no lograron superar la travesía. Hasta niños han fallecido por las dificultades de la misma selva y terminaron convirtiéndose en alimento de cocodrilos y caimanes que custodian los ríos.
Es una selva que ya desde la época de la conquista era considerada como un espacio infranqueable e impenetrable solo habitado por las comunidades indígenas que ancestralmente se han asentado en ese territorio. Vía: ifmnoticias.com



