El 16 de Julio de 1849, al fundar la Congregación Misionera de los Hijos del Inmaculado Corazón de María, San Antonio María Claret expresaba con el gozo de la mística que lo caracterizaba: “Hoy iniciamos una gran obra”.
En todo el mundo los Claretianos tienen la firme misión de tumbar las barreras y tocar las vidas de la gente. Desde las periferias de las ciudades hasta las selvas remotas, los Claretianos llevan sus mensajes de esperanza, amor y justicia directamente a la gente que la necesita urgentemente. Ellos promueven la chispa que lleva cada persona a Cristo con la preocupación fundante del anuncio del evangelio en permanente búsqueda de la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.
Los carismas de comunidad, misión, espiritualidad y evangelización guían a los Claretianos en su ministerio. Una vida profunda de comunidad, apoyada por los 3,000 Claretianos en el mundo, nutre los ministerios y las vidas de los Claretianos.
Su misión común nos han llevado a casi 70 países en cinco continentes donde trabajamos, en distintos ambientes como parroquias, universidades, hospitales, colegios, comunidades afro e indígenas, misiones, con fundaciones que acogen habitantes de la calle, niños y jóvenes en situaciones de vulnerabilidad y toxico dependencia, en las periferias de las ciudades y otros areópagos de evangelización.
En sus palabras y acciones, los Claretianos se esfuerzan por evangelizar a través de su testimonio de vida vivenciado desde la lectura orante de la Palabra de Dios. A través de sus ministerios diversos, la espiritualidad Claretiana los ayuda escuchar con sus corazones al mundo tan cansado y agobiado, siendo voz de aliento y de esperanza.
El 24 de octubre la familia Claretiana celebra la fiesta de su Santo Fundador. En América Latina, En Cuba, San Antonio María Claret, sirvió en la Diócesis de Santiago de Cuba, trabajando incansablemente, misionando, sembrando el amor y la justicia en aquella isla en la que la discriminación racial y la injusticia social reinaban por doquier.
Fue un Arzobispo evangelizador por excelencia. Renovó todos los aspectos de la vida de la iglesia: sacerdotes, seminario, educación de niños, abolición de la esclavitud. En cinco años realizó cuatro veces la visita pastoral de la Diócesis. El pueblo de Baracoa, por ejemplo, tenía 62 años que no veía Obispo alguno. Fundó en todas las parroquias instituciones religiosas y sociales para niños y para mayores; creó escuelas técnicas y agrícolas, estableció y propagó por toda Cuba las Cajas de Ahorros, fundó asilos, visitó cuatro veces todas las ciudades, pueblos y rancherías de su inmensa diócesis. Siempre a pie o a caballo. Los católicos de Cuba lo recuerdan con profundo cariño y veneración. Es considerado patrón de las cajas de ahorro, ya que las difundió en Cuba en beneficio de los pobres.
Un Claretiano, siguiendo el espíritu del fundador, es un Hijo del Inmaculado Corazón de María que arde en caridad y que abrasa por donde pasa. Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Cristo en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres.



