La transformación de la cáscara del coco en fibras y sustrato se convirtió en una oportunidad de negocio para Carlos García Restrepo y el sustento de varias familias en el municipio de Cereté, Córdoba.

Cuenta que la idea de crear el negocio nació hace varios años por la necesidad de aprovechar la materia prima abundante en la región y contribuir al cuidado de la naturaleza.
“Nosotros transformamos el capacho que recogemos en las fincas, lo traemos acá, le hacemos un proceso para extraerle el suelo que nos sirve para cultivos y las fibras naturales que deja ese material, con esas fibras naturales se ayuda hacer biomantos, artesanías, y se hacen infinidades de cosas como tapizados para vehículos e inclusive colchones”, dijo García Restrepo quien comercializa el producto final a través de su empresa.

Agregó que, “uno de mis familiares vio que en Venezuela hacían con la fibra de coco la canasta para sembrar las plantas, entonces ahí nació la idea, se montó la empresa y aprendimos que no solamente eran los productos artesanales sino también la fibra, el sustrato y de allí seguimos con un estudio que duró dos años en el que aprendimos sobre los procesos que se deben de seguir para que este producto sea óptimo para la agricultura, generando un desarrollo ambiental amigable porque es natural, biodegradable y es un producto que permanecerá mientras las más plantas de coco existan”.
Las cáscaras son transformadas con máquinas especializadas para extraer el sustrato y la fibra, se separan y se deja secar para prensar y la obtención de productos como fibra, sustrato, artesanías, insumos para jardinería, entre otros.
“El sustrato que producimos se utiliza para cultivos ya que posee unas cualidades muy buenas debido a que tiene una capacidad de retener entre siete y nueve veces su tamaño en agua, lo que le permite al cultivador menos riego, bajándole costos y de manera natural el producto lo va entregando la raíz”, explica García.

Hoy esta actividad hace parte de los negocios verdes que impulsa la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y San Jorge, CVS, a través del convenio con la Fundación Flora y Fauna.
“La CVS nos ha apoyado en cuanto a que ellos han venido con asesoría para que nosotros mejoremos nuestros procesos, también hemos recibido un kit administrativo y el mejoramiento del procesamiento de las aguas con un tanque de seis mil litros”, anotó García Restrepo.



