“…Si un ministro no está de acuerdo con las políticas públicas del gobierno que lo tiene viviendo sabroso con buenos sueldos y arandelas, lo correcto es que renuncie…”.
Colombia se queda atónita ante la pérdida consiente de la memoria histórica de los enemigos del cambio con diálogos constructivos. Es sorprendente como se desdoblan y toman posiciones de “yo no fui” con caras de santurrones como si el pueblo colombiano estuviese en su misma posición de la doble moral o del “que predica y no practica” o “ del que practica pero no predica».
Parece ser que el sociólogo y psicólogo francés Maurice Halbwachs (Reims, 11 de marzo de 1877 – Estuvo en campo de concentración de Buchenwald, 16 de marzo de 1945, fuese el creador de tan insigne y no practicada realidad expresiva de “memoria histórica” cuando su verdadero significado es la de conciliar un país con verdad verdadera y no al estilo de los ex funcionarios y políticos seudo oportunistas que tuvieron el mando y poco le aportaron a la paz, justicia y verdad.
Ellos, entre los que vemos inexplicablemente al ex ministro de Defensa Diego Molano, criticando en forma alevosa al presidente Petro por los cambios ministeriales, cuando su nombramiento fue espurio ya que violó la cuota de género y conocedor a ultranza de los remezones de gabinetes que son una práctica de vieja data, pero aquí lo que se intenta es eclipsar a un gobernante haciéndole el trabajo a otras personas o conglomerados económicos ya conocidos.
Si un ministro no está de acuerdo con las políticas públicas del Gobierno que lo tiene viviendo sabroso con buenos sueldos y arandelas, lo correcto es que renuncie y a la luz pública puede ejercer su libre derecho a controvertir, pero no puede estar haciéndole conejo por debajo de la mesa a las políticas y planes de desarrollo que se quieren implementar para poner en circulación el bienestar del país.
Para los que pierden la memoria histórica, en los dos mandatos de Álvaro Uribe 2002 y 2008, los cambios en el gabinete eran normales y como ejemplo citaremos solamente en el ministerio de defensa cuando por esa recinto pasaron Marta Lucía Ramírez, Jorge Alberto Uribe, Camilo Ospina y Juan Manuel Santos y no encontramos la primera aleluya de inconformidad de parte de los ilusos de hoy, cuando el total de cambios de ministros en la era Uribe llegó a 38, 27 menos que Santos, pero a sabiendas que Uribe Vélez, redujo los ministerios a 14, donde Salud y Trabajo se unieron al de Protección Social, mientras que los de Defensa y Justicia estaban en un mismo chocolate.
A los desmemorizados, les recordamos que en el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) se presentaron movimientos a tutiplén en el primer año, Juan Carlos Pinzón se posesionó en el ministerio de Defensa por Rodrigo Rivera y Mauricio Cárdenas, hoy también critico de ultranza, en el ministro de Minas y Energía, por Carlos Rodado Noriega y en sus ocho años algo así como la friolera de 65 diferentes ministros.
Mientras en la era Duque, los cambios fueron numerosos y en los primeros 17 meses efectuó 14 cambios en el gabinete y los que hoy critican estuvieron también viviendo sabroso a costillas del Estado y allí no se pronunciaban para desestabilizar a su amigo en el gobierno, cuando también al igual que Santos y Petro, los cambios se iniciaron en el primer año con las salidas de la ministra de Justicia Gloria María Borrero y la del ministro de Salud, Juan Pablo Uribe.
Lo que no entendemos es como el ex presidente Álvaro Uribe ha demostrado caballerosidad y respeto hacia el Jefe de Estado, efectuándole críticas constructivas y siempre con un tono conciliador, sin aleluyas ni rabietas propias de los que quieren generar controversia y violencia partidarista, cuando el presidente Petro ha realizado llamado tras llamado, haciendo alusión al dialogo para un acuerdo nacional que incluya por supuesto a la oposición, las asociaciones sociales y comunales, los gremios y la población en general con debates públicos en todos los rincones del país.
En la pasada legislatura del 2022, la coalición de gobierno logró significativos avances de las reformas que deseaba implementar y es así como se aprobaron la tributaria, la ley de paz total, la ratificación del Acuerdo de Escazú, entre las más importantes. Hoy, en la agenda existen varias iniciativas más de importancia tales como la reforma a la salud, la pensional y la laboral, ellas no tienen reversa, sin embargo, estamos en un año electoral y los politiqueros de baja estirpe, se dedican a destruir toda opción de cambio con “dialogo social” y buscan protagonismo sin importar las incidencias que ellas tiene para mejorar la dignidad humana y un mejor vivir
Las discusiones que vemos y escuchamos, muchas veces son bizantinas y tienden a lo ridículo, que debe tramitarse como ley estatutaria y no como ordinaria o viceversa, otros alegan no contener la parte presupuestal y unos más son demasiado extremistas al expresar que se quiere destruir el sistema, pero lo único cierto es que las reformas se necesitan, con consenso y diálogo fluido, que no haya ganadores y perdedores dentro del Estado y los políticos, que el único ganador sea el pueblo Colombiano. Amanerará y veremos…



