Si algo venero y respeto es a Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, La Virgen María. Por ello no hay día más preciso para reseñar la traición que el Jueves Santo. Sagrada fecha insignia del catolicismo que conmemora la última cena, el lavatorio de pies y el inicio del Triduo Pascual.
La última cena fue la Institución del Sacerdocio, así como el cuerpo de Cristo, que tanta fuerza nos da para seguir adelante en el calvario de querer ayudar al departamento de Sucre.
En esa última cena aparece el desvergonzante personaje prototipo del peor de todos los pecados, «la traición» encarnada por el repudiable Judas Iscariote, que en Sucre tiene su homólogo, Héctor Iscariote, quien traicionó la confianza, la esperanza de todo un pueblo ávido de progreso y honradez. Ni lo uno ni lo otro logró Sucre con Héctor Olimpo Espinosa Oliver.
Hoy en la respetada fecha del Jueves Santo es Héctor Iscariote, individuo que junto con su círculo familiar cercano, no se cansa de hacer daño al desvalijado departamento.
El traicionero Héctor Iscariote, sabe de sus injustificadas andanzas, así como sus acólitos. Unos y otros pónganle la firma que no se pueden esconder ante los ojos justicieros de Dios ¡Jamás lo lograrán! Igual créanme que a la par de sus secuaces terminarán tirando las treinta monedas de plata, por las cuales vendieron los sueños del ilusionado Sucre.
Los arrastrará el peso de la traición. No soy yo quien hoy voy a señalar más de un caso específico de las malas andanzas del Héctor Iscariote, no porque no las haya -que son como arroz en cosecha- sino, por la sagrada fecha que merece todo mi respeto y recogimiento. Me ceñiré solo a una por demás, dolorosa. Los sucreños aún los que le aplauden a Héctor Iscariote, saben al dedillo que no miento, y que si intentó hacer negocio con los sobrecostos de los mercados de la pandemia, jugando con la agonía de la necesitada gente, ha sido capaz de cualquier cosa.
Resulta que el más malo en la pasada contienda electoral era Yahir Acuña; no creo tanto eso. Sucre pasa un terrible tiempo por cuenta del desalmado Héctor Iscariote, quien ostenta con orgullo la traición.
Del calvario que atraviesa el departamento, la pesada cruz, los latigazos, la corona de espinas, el vinagre, crucifixión y muerte a la que burlesca y traicioneramente lo ha sometido Héctor Iscariote, con tan despiadada humillación, solo nos queda la fe en Nuestro Señor Jesucristo, que nos dará en las elecciones de octubre la resurrección.
El mal que Héctor Iscariote y su círculo saben que personifican, serán vencidos por el levantamiento de un pueblo que él traicionó. De la mano de Dios, Sucre cantará victoria, dejando atrás el legado de tinieblas de Héctor Iscariote, comenzando una etapa de luminosidad y esperanza, colmada de sueños realizables, pulcritud y oportunidades, siendo una verdadera resurrección el construir un Sucre para todos.



