El alcalde de Cartagena de Indias, William Dau Chamat, le solicitó permiso al Concejo Distrital para viajar a Denver –Colorado y atender una invitación que le formuló el Departamento de Estado y el Banco Interamericano de Desarrollo -BID – a un evento denominado ‘Reunión de Alcaldes 2023: Financiando el Desarrollo Sostenible de las Ciudades de América Latina y el Caribe’, el cual se desarrollará del 27 al 29 del presente mes de abril.
Vale la pena señalar que al evento del BID se les formuló invitación a 40 alcaldes de diferentes ciudades de Latinoamérica, contándose, a nivel nacional, las cursadas a los alcaldes de Bogotá, Claudia López y de Barranquilla, Jaime Pumarejo, además del de Cartagena de Indias.
Observando el programa a desarrollar hallamos temas de gran importancia como a) Visión, planificación y financiamiento estratégico; b) Sostenibilidad fiscal y financiación de infraestructura en las ciudades; c) Las estrategias para acceder al mercado crediticio; y d) Las capacidades para una cartera de proyectos atractivos.
Se trata de aspectos atractivos que, de ser aprovechados y desarrollados adecuadamente por los mandatarios presentes podría traerles a estos beneficios significativos, ya que conocerán y se aprovecharán de herramientas para materializar apoyos en favor de sus respectivas ciudades.
En ese aspecto, Cartagena de Indias sí que está clamando una visión más allá de simples maquillajes. En tal caso, cabe preguntar si los concejales tuvieron en cuenta los temas a tratar y del provecho que se podría generar con la presencia del burgomaestre local en el evento mencionado.
Ante la negativa del permiso al alcalde Dau para viajar a Estados Unidos vale la pena preguntarnos qué motivaciones tuvieron los 13 concejales que le negaron la aprobación del desplazamiento, cuyos gastos eran cubiertos por la entidad que le cursó la invitación. Se puede interpretar como una retaliación, dada la forma como se han venido dando las relaciones entre el Concejo y el Ejecutivo, importando poco los beneficios que se podrían generar al aprovechar espacios que apalanquen la presentación de proyectos estructurados, con lo cual no pierde el alcalde Dau, sino la ciudad.
Pero, por otra parte, ante la negativa del permiso por parte del Concejo, el Alcalde ha anunciado un esguince a la normatividad, solicitando unos días de vacaciones que coincidan con las fechas del evento y así poder asistir. Se nos antoja que su asistencia, de esta manera, se puede interpretar como transitar por el atajo, dada que la presencia en dicho encuentro sería en ese momento a título personal y no investido de su calidad de Alcalde, pues al salir de vacaciones debe generarse un acto administrativo encargando a alguien de su gabinete, mientras dure su ausencia, detalle este que puede parecer de poca importancia; sin embargo, consideramos que en aras de respetar la institucionalidad se debe entender en calidad de qué asistiría Dau a la ‘Reunión de Alcaldes 2023’.
Esta situación nos muestra el manejo miope y personalizado como se abordan temas que requieren un manejo con altura y rigurosidad, a fin de preservar el cumplimiento de las normas, teniendo en cuenta que los intereses de la ciudad deben estar por encima de rencillas y disputas personales.
Un reflejo patético de estas conductas poco consecuentes lo encontramos en la más reciente encuesta de percepción ciudadana presentada por ‘Cartagena Como Vamos’ -CCV, donde se rajan tanto el Alcalde, con una imagen negativa del 64%; como el Concejo, con un 73% de desfavorabilidad, lo cual expresa la poca confianza y credibilidad que la ciudadanía tiene en sus autoridades encargadas de propiciar políticas orientadas a un mejor bienestar de las comunidades.
Los resultados de CCV, del 2022, nos reafirma lo que hemos señalado en escritos anteriores, en los que indicamos que estamos en una ciudad caótica donde el 79% de los ciudadanos señalan que va por mal camino y el 48% se siente inseguro. Igualmente, se evidencia una desmejora en la percepción de la movilidad y, como si fuera poco, también se derrumba la percepción de la principal bandera de la Administración: la lucha contra la corrupción.
De igual manera, se observa un deterioro en diferentes aspectos relacionados con el medio ambiente, como basuras en las calles, contaminación visual y auditiva, sin mencionar el comportamiento de otros flagelos sociales como la prostitución y la trata de personas; dejando de mencionar muchos otros aspectos negativos por mejorar, a fin de no aparecer como aguafiestas o pesimista compulsivo.
El hecho es que, mientras esta realidad nos asalta, Alcalde y Concejales, como bomberos, se distraen jalando por los extremos una manguera, mientras el fuego se aviva amenazando dejar la ciudad en cenizas.
Ante una realidad irrefutable, donde la queja por nuestros malos gobernantes cunde, nos encontramos con que la responsabilidad solo queremos imputársela a los elegidos, cuando los votantes debemos asumir nuestra cuota de corresponsabilidad al estar actuando como malos electores, al generalmente atender en el momento de votar más los intereses personales que los que propugnan por el bien general; recapacitando muy poco para escoger representantes con solvencia ética y moral, que estén alejados de prácticas donde el enriquecimiento personal o de pequeños grupos sea la principal motivación para hacerse elegir, haciendo del dinero y el miedo herramientas para acceder al poder, ya que -por lo visto – engrandecer la ciudad para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos no está en sus agendas.



