El sacerdote jesuita Javier Giraldo es un estudioso de la violencia en Colombia; se puede estar o no de acuerdo con él, pero jamás subestimar su experiencia. Hacerlo sería estúpido con camino a la imbecilidad.
En entrevista concedida a El Espectador, el padre Giraldo nos describe como un país en el que «ha avanzado tanto la injusticia, violencia y corrupción» que hace que cambiarlo sea «bien difícil». En Sucre estamos tal cual y no podemos seguir cargando la cruz de la desigualdad, que muchos no se dan cuenta que la llevan a cuestas. De ese tamaño es la esclavitud.
El cambuche, hambre, tasas campesinas, son normalmente toleradas. Nadie cae en cuenta que no está bien. Hay que construir un Sucre para todos.
El presidente Gustavo Petro en su programa de gobierno propuso reformas con el mensaje de eliminar la desigualdad y fueron elegidas. Hoy presentan problemas de aprobación porque falla en la forma de concertarlas con la sociedad y ni su equipo lo interpreta correctamente, pero el país necesita reformas. La prisa le puede estar ganando.
El presidente Petro debe tener claro que hay una parte de Colombia que sigue pensando «que la solución de todo es a bala» dice el padre Giraldo. No se les puede ignorar.
Dedicarles tiempo «vendiéndoles» las reformas consensuadas -sin sacrificar lo fundamental del mandato popular- que aporten y logren asimilar que los privilegios basados en la injusticia, desigualdad y esclavitud del otro, es una guerra que hace daño a todos.
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Tiene el presidente Petro en José Felix Lafaurie un excelente elemento, que entiende la dinámica del «cambiamos o nos cambian». Otro personaje que puede ser útil y no lo ve, es Francisco Santos; sensible ser humano con experiencia, se deja hablar. El asunto no es aislándose y atrincherándose.
En las próximas elecciones locales llegar al poder mandatarios (as) con compromiso social, que sean punto de encuentro y no agentes de polarización, es imprescindible para realizar una verdadera lucha contra la desigualdad. Es fundamental controlar la financiación de las campañas.
El narcotráfico incrustado en todas las esferas de la sociedad es un enemigo apoteósico a combatir. Dice el padre Giraldo que en las fuerzas armadas hay que «cambiar la doctrina». Deduzco se refiere a ingresarlas en desarrollar un pensamiento de paz total, donde la fuerza sea el respeto a todos, sin dejar de ejercer la autoridad, impidiendo el atropello. Al «cambio» de doctrina «hay mucha resistencia en las fuerzas armadas» al extremo, dice el padre Giraldo, que «hasta se habla de un golpe de estado».
Sería el peor de los errores; un «crimen», luto eterno a la democracia que siendo tan sólida la nuestra, no veo ese espacio. Cómo ciudadano, rechazo y condeno la sola idea. El presidente Petro llegó legítimamente al poder, eso hay que defenderlo desde todas las orillas democráticas.
Consultado el General retirado de la Infantería de Marina, Luis Suárez Castillo, es contundente en decir que un golpe de Estado «no va a pasar por la cabeza de ningún militar en las circunstancias actuales» y agrega que «el presidente Petro, es un presidente legítimo que no se ha salido de la Constitución y así lo haga, un golpe de estado no es la opción».
El padre Giraldo, pesimistamente sentencia «A Petro lo van a tumbar los medios de comunicación de los grandes conglomerados económicos».
Debe el presidente propiciar el periodismo serio y riguroso, fortalecer su equipo de comunicaciones, que sus funcionarios de alto rango no estén soltando la lengua más de lo que deben y donde no deben. Así como actuar coherente y transparente, aún en los errores. De cara a la gente. Con serenidad y generando confianza. Debe ponernos a pensar en país y no en partidos.



