Uno de los temas que han surgido en los últimos años y que será obligatorio este 2023 son las administraciones basadas en la improvisación que hoy nos tienen en la bochornosa situación que hace más de una década atravesamos y que en los últimos cuatro años el empeño ha sido cavar para caer aún más bajo.
Para que avancemos como ciudad, más que una administración sistemática, requerimos una reafirmación de fe en la Cartageneidad, formarnos en el racionamiento y el positivismo, que nos permita un enfoque social que desemboque en la catapulta que nos sacará de este profundo abismo.
Para que la institucionalidad vuelva como vehículo de desarrollo es imperativo parar la improvisación, no es posible moverse sin un aparato articulador que trabaje en armonía con ordenadores del gasto, coadministradores y gobierno central.
Se cumplen 490 años de la fundación de esta ciudad y hoy con pena y profundo dolor vemos ruina, caos, pobreza, deterioro, abandono, una ciudad fallida, un conglomerado de calles y personas en desorden, en absoluto desgobierno y sin actores estratégicos que ni como sociedad, ni como urbe tienen control ni capacidad de gestión para enfrentar las problemáticas y las oportunidades sociales; somos un pueblo en profunda depresión; me atrevo a afirmar que ni aún en tiempos de Morillo, el tirano pacificador, se vivió tal horror en esta ciudad.
Conmemorar esta fecha no debería ser motivo para festejar, pero eso es tema para otra conversación, pensemos mejor en que solución darle a lo que hoy tristemente vivimos; no pensemos en que se cura un cáncer con aspirinas, ni mucho menos que con pequeñas obras todo se superará. Si bien estas son importantes muchas de ellas unidas hacen grandes cambios, la orfandad de macroproyectos y dolientes serios hoy nos convierten en la cenicienta de un cuento triste.
El profesor Joan Prats, al inicio del milenio manifestaba que un sistema social es gobernable cuando está estructurado sociopolíticamente de modo tal que todos los actores estratégicos se interrelacionan para tomar decisiones colectivas y resolver sus conflictos conforme a un sistema de reglas y procedimientos formales o informales, que pueden registrar diversos niveles de institucionalización, dentro del cual formulan sus expectativas y estrategias.
Propongo que como cartageneros nos demos, no como regalo de cumpleaños, sino como ofrenda de desagravio, la gobernabilidad que no es otra cosa que la cualidad conjunta de un sistema sociopolítico para gobernarse a sí mismo en el contexto de otros sistemas más amplios de los que forma parte; ¿Por qué no ofrendar institucionalidad? ¡Entreguémosle ese proceso por el cual las organizaciones y los procedimientos adquieren valor y estabilidad! Recuperemos los valores estratégicos.
Salir en Cartagena de indias se convirtió en una actividad de alto riesgo, la inseguridad rampante, los sicariatos son pan de cada día, las extorciones, el desempleo, el mal estado de las vías; nuestro Centro Histórico, ese que otrora nos llenara de orgullo, hoy no es más que un burdel a techo abierto, los turistas tienen que esquivar vendedores ambulantes, expendedores de drogas y asaltantes a mano armada, prostitución por doquier no solo en los rincones o calles oscuras, el insoportable olor a orina en las murallas y la basura acumulada en todas partes, los habitantes de calle acostados en los andenes dejando anulados los espacios peatonales, en fin todo lo que no debe ser, en eso nos hemos convertido.
Aunque las comparaciones suelen ser odiosas, en países como España o Francia una ciudad como la nuestra, en las condiciones que hoy lamentablemente se encuentra ya la habría sido intervenida, pero nuestra Constitución no permite tal cosa, aunque sería la mejor manera de proteger a quienes habitamos esta ciudad fallida capturada por la corrupción y el desgobierno.



