Una sola bala fue la que atravesó el cráneo del coronel, Óscar Darío Dávila Torres, el pasado viernes 9 de junio, confirmaron en las últimas horas los forenses.
Un “rasguño” en la camioneta de lo que parecía ser otro disparo confundió las primeras versiones de las autoridades, pero la claridad llegó siete días después: no se trató de otra bala, sino del mismo proyectil que encontró un orificio de salida e impactó contra el vehículo justo antes de perder la fuerza.
La muerte violenta de un poderoso oficial de la Policía, se llevó consigo uno de los testigos claves en todo el escándalo del robo y las chuzadas ilegales de la entonces jefa de gabinete del presidente Gustavo Petro, Laura Sarabia.
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No obstante el dictamen de los forenses, se mantiene viva la teoría de que se pudo tratar de un suicidio, aún quedan interrogantes sobre las últimas horas de vida en las que el coronel habló con su familia, se dedicó a preparar su defensa y entregó 50 millones de pesos al abogado Miguel Ángel del Río para que asumiera su caso.
El tiempo sin compañía y dentro del vehículo, es el que investigan las autoridades para esclarecer cómo se dieron los hechos. ¿Se disparó o le dispararon? En las próximas horas será revelado el estado toxicológico del cuerpo y si tenía restos de pólvora en sus manos y ropa.
Los investigadores revisan las cámaras de seguridad del lugar y otras de varias manzanas aledañas intentando establecer todo el recorrido del vehículo en esa última hora en que el Coronel Dávila estuvo vivo. Adicionalmente, los investigadores del caso también tienen otros dos frentes de indagación: el celular de Dávila y sus familiares y amigos más cercanos en busca interpretar cuál era el estado mental del coronel momentos previos a su muerte.
Los peritos buscan ubicar cuáles fueron los últimos mensajes, audios y llamadas que realizó el Coronel entre el 7 de junio, día en que la Fiscalía allanó el piso 13 de la Dian en el que él trabajaba, y el viernes 9, fecha en la que murió.
Serán entrevistados familiares, amigos y compañeros de trabajo de Dávila. Entre ellos, el Policía que lo acompañaba en la camioneta blanca en la que murió y su jefe inmediato, el director de la Casa Militar, coronel Carlos Feria.
Este último también cobra especial relevancia no solo porque conocía a Dávila y le daba órdenes, sino porque quedó como cabeza visible en toda esta investigación en la que la Fiscalía busca establecer quiénes ordenaron chuzar las líneas telefónicas de Marelbys Meza y Fabiola Perea, las dos exempleadas de Sarabia investigadas por un millonario robo de dinero en efectivo.



