Existen gobernantes locos, dictadores, brutos, sinvergüenza, pero hasta donde llegó Francisco Ventura Amell, no existe precedentes, eso dicen en Buenavista, Sucre, que es un señor bastante cansado que digamos rompió esquemas eligiéndose alcalde pese a su edad y que ahora pretende quedarse en el poder en cuerpo ajeno y además con premios.
Señalan los que lo conocen que es un personaje con desarrollado sentido de la egolatría, reconocido por no haber hecho nada durante cuatro años de Administración y que quiere salir aplaudido argumentando una amplia gestión e inversión en infraestructura y tejido social que para muchos no existen.
En Buenavista, la inconformidad es generalizada y el descontento aumenta a medida que la Administración muestra sus cartas con José Nicolás Arrieta, candidato a suceder al “pastorcito mentiroso”, que quiere reconocimiento y de paso salir en televisión nacional.
Amell pasó sin pena ni gloria y a escasos días de terminar su mandato quiere dejar a quien le cuide las espaldas, con la mala noticia que la gente se cansó.



