Hace muchos días que por diversas razones no he compartido mi opinión acerca de tantas y tantas cosas que ocurren en esta ciudad y peor aún, tantas que dejan de suceder; a pocos días de las elecciones, vemos un debate decadente, más parecido a una pelea vulgar por parte de un grupo de candidatos que a falta de propuestas algunos y de adeptos otros, han decidido argumentar las afirmaciones de quienes siempre atacan los movimientos alternativos asegurando que quienes nos inclinamos por ellos se sale de lo tradicional, lo hacemos con hostilidad y odio; pues mis posiciones políticas siempre han sido contrarias a la derecha e incluso a la izquierda que también hace parte de lo tradicional, algunos me encasillaran en el centro, “tibia” dirán algunos, prefiero pensar que saco lo menos malo de cada lado.
Pensemos detenidamente, con detalle y objetividad ¿Qué necesita Cartagena? ¿Quién debe gerenciarla? ¿Queremos un veedor o un ejecutor? Ya sabemos que las veedurías son buenas y son necesarias, pero haciendo eso, desarrollándose dentro de su naturaleza, es decir o administras o te dedicas a vigilar, las dos al tiempo no funcionan, para eso existen las divisiones de poder y los organismos de control.
Tenemos hoy 12 candidatos a la alcaldía de Cartagena y solo tres de ellos presentan propuestas serías, solo dos han llevado una campaña enfocada al programa de gobierno presentado, parece que son los únicos que saben que el voto es programático y los demás, unos dedicados a fomentar situaciones de división y otras actitudes que pasan del ataque natural de estás contiendas al perrateo, enfocando su energía en la desinformación y la ofensa, emulando la campaña que llevó al poder a William Dau, tal vez las similitudes no solo sean en estrategia electoral, sino en las capacidades administrativas que hoy tristemente padecemos.
Elegir un mandatario es un acto que requiere de mucha responsabilidad, lo ideal es hacerlo llevado por las razones y no por las emociones, pero es algo imposible, no solo en Cartagena, sino que me atrevo a decir que en casi todo el mudo, los electores toman la decisión llevados por motivos muy diferentes, en nuestro caso, hemos elegido llevados por el amor, la rabia, el descontento, la desinformación y otras circunstancias. Las redes sociales que en la actualidad juegan un papel protagónico, logran manipular la opinión; sector que aunque en ciudades como la nuestra no es mayoría, si es decisivo en lo electoral, sobre todo cuando en este sector no todos tienen un conocimiento claro y confiable de la realidad, de los fundamentos legales que sustentan muchas publicaciones, ni de la real intención de quien las hace.
El mal sabor que lo “alternativo” ha dejado en Cartagena, causado por una mala elección que nos profundizó la desinstitucionalidad que desde hace tanto padecemos, debe ser el motor que nos impulse a no repetir errores, no necesitamos un veedor pedimos a gritos un gerente de ciudad que gestione y ejecute obras, con autoridad para frenar la inseguridad que tanto nos agobia y repercute directamente en la economía formal e informal. Cartagena necesita elegir con la razón.



