Faltan pocos días para las elecciones regionales, en las que se elegirán a quienes aspiran a las diferentes corporaciones públicas y los cargos uninominales que tanta polvareda han levantado.
El amor por la ciudad debería conducirnos a un acto coherente, no a un voto de castigo; los castigados siempre somos nosotros, el pueblo raso, ese pueblo que no vive de una OPS o de un contrato, ese pueblo que día a día sale a trabajar, a luchársela, ese que es víctima de la inseguridad que genera la falta de oportunidades, porque estas se quedan en los intereses mezquinos de los amigos y socios del gobernante de turno, ese que padece por el mal servicio que presta el transporte público, el que padece por los problemas de medio ambiente, en fin, el pueblo. Cuando hablo de un acto de amor me refiero a un hecho que de verdad cambie el sentido de lo que se viene haciendo hasta el momento, un acto que diga ya basta, ustedes no jugaran más con mis necesidades ni con las de quienes residen en la ciudad.
Una democracia imperfecta y una mafiosa y cuestionada maquinaria política disfrazada de alternativa, no puede ganarle a la ciudad; no es posible que sigamos repitiendo errores, que hoy en día pagamos a tan alto precio, esto no solo es nocivo para la ciudad en cuanto a lo administrativo, es nocivo hasta en lo moral. La perversa estrategia de usar el hambre como herramienta para lograr el objetivo es repulsiva, es abominable.
Es claro para todos, sobre todo para quienes impulsan estas campañas, que no viene de este sector la solución, por el contrario, ellos son el problema, son responsables del estado de desgobierno y desinstitucionalidad que vive el Distrito;
Cartagena tiene un estancamiento de por lo menos 20 años y un retraso administrativo, estructural, de infraestructura, avance y desarrollo de por lo menos 50 años. Problemas que en los últimos 4 años se han incrementado, como la inseguridad que se convirtió en flagelo y que tristemente dejó de sorprendernos, es increíble que nos acostumbramos tanto al sicariato que hoy día ya no es noticia.
Es importante a la hora de votar tener en cuenta algunos puntos que nos den una razón solida para elegir, por ejemplo:
- La experiencia en cargos públicos.
- La formación académica.
- Verificar la realidad de las propuestas.
- Su sensibilidad social.
Hoy sin temor alguno me atrevo a asegurar que el nuevo alcalde debe ser alguien totalmente opuesto a DAU; alguien con don de mando, criterio político, capacidad de gestión y verdadero deseo de cambio una némesis del alcalde actual, es imprescindible que este tenga un conocimiento claro de la ciudad, con liderazgo, coherencia y sobre todo responsabilidad. Es de gran importancia tener en cuenta que las elecciones nominales son programáticas por tanto debemos elegir un programa de gobierno realista, pertinente y que apunte a las verdaderas necesidades de los Cartageneros.



