Colombia, nuestra Patria querida, paraíso de las maravillas naturales, está considerado, según el sitio web money.co.uk en su “Informe de belleza natural”, como el tercer país más bonito del mundo entre cincuenta naciones, con un puntaje de 7.16 sobre diez, casi a la par del más bonito como lo es Indonesia que obtuvo el 7.77 seguido de Nueva Zelanda con 7.26, Tanzania y en el quinto lugar México con 6,96.
Nuestro país, no solo debería estar encasillado como bonito, debería ser la Suiza Latinoamericana, producto de nuestra situación geográfica con dos océanos, su biodiversidad, recursos naturales de toda índole y variedad climática en sus cinco divisiones regiones, la Andina, Región Amazónica, la Región Caribe, la Pacífica y la Orinoquía que lo hacen un paraíso natural, con su gente noble y trabajadora, donde aflora la riqueza cultural mestiza impulsada por gente del común, trabajadores, profesionales, artistas, escritores y miembros de la farándula, que se expresan en sus festivales con sus cantos, danzas y ritmos combinados con las comidas típicas que nos da una foto o retrato panorámico de la memoria histórica de nuestros antepasados.
Pero, “no todo lo que brilla es oro”, es un dicho popular, que nos hace desconfiar de las apariencias, cuando escuchamos epítetos que retumban en la ignominia que impulsa la desconfianza si realmente todo lo que parece bueno y bello lo es. Al son de una papayera, un tiple, acordeón o guitarra, escuchamos y bailamos un fandango, mapalé, vallenato, cumbia, bambuco, salsa, bolero, torbellino, guabina, pasillo, bunde, pero también escuchamos y no bailamos epítetos fuera de contexto… “¡Estudien, vagos!” “los nadies…vamos a vivir sabroso’”.
Para que nuestro país siga bello e inteligente “…esperamos verlas en unos años como matemáticas, científicas, ingenieras, astronautas, astrólogas(sic), aportando al desarrollo de su país y del mundo”. A nuestros futbolistas cuando no dan resultados los mandan a que “…le pongan huevos en los partidos” pero el problema, según la susodicha que sabemos, “Ahora los huevos vienen de Alemania y a un costo bien elevado” y para mantener la cultura gastronómica es necesario que “…mantengámosles a estos huevitos la misma gallina, a ver si esos huevitos pueden dar esos tres pollitos de seguridad, inversión y política social…».
Ahora bien, si un visitante encuentra en dicho portal la información de nuestra belleza, que no se tope con el longevo que nos dejó viendo un chispero al exclamar “… ¿el Vichada?, ¿y eso qué es?”, y si viene con hijas, tenga en cuenta lo dicho por la aparecida del viejo mundo en elecciones “Muchas veces en los barrios pobres las mujeres se hacen violar, se hacen violar por gente muy cercana a su familia”, pero tranquilos todos y todas, que según el costeño del Batey “De desigualdad nadie se ha muerto”.
Las paradojas de la vida es la preocupación actual ya que cuando éramos unos de los países más felices del mundo, pasamos a ser de los más infelices del planeta, como nos los indicó el DANE y el mapa de la Felicidad de las Naciones Unidas, con base al “Happiness Report”, por obra y gracia de muchas “metidas de pata” de aquellos que por sus ignorancias estaban viviendo felices en sus actuaciones como funcionarios o políticos.
“Si quieren coger el billetico de $50.000 cójanlo, pero voten por mí, conejo al comprador de votos”. Y les recuerdo “los jóvenes tienen posibilidad de sexo…perdón “acceso” y para que el país no lo bajasen de ese honroso tercer lugar como el país más bonito del mundo, hay que ‘decrecer’ la economía, pero sin insultos parroquianos al estilo de “…usted es el senador más bruto que hay aquí”, y tengamos en cuenta que “…en la fantasía revolucionaria de aquellos congresistas que nos quieren imponer que todos seamos iguales. No su merced, ello es un imposible biológico”
Debemos atemperarnos ya que los colombianos de bien, deseamos seguir en éste hermoso país sin que se nos tilden de “irracionales o fascistas” y nos quieran “mandar al infierno por nuestra amistad con el mundo”, y recuerden «Vamos ganando, pero no hemos ganado. Vamos ganando, pero la culebra todavía está viva». Y si todo sigue bello y hermoso, en el mejor de los casos, lo menos mal es “…le voy a dar en la cara marica…”



