- Por; Juan Carlos García De León |
Lo primero es recordar que las regalías generadas por hidrocarburos son un concepto jurídico elevado a rango constitucional desde 1991, el cual corresponde a una compensación por los daños que genera el negocio de los hidrocarburos y en particular el petróleo.
Cuando el SGR empezó solo se conocían como daño asegurable el ambiental. Sin embargo, 30 años después se pueden enumerar muchos más, entre ellos, el asentamiento de grupos violentos por el control de las regalías, la división de los territorios o creación de nuevos municipios por el manejo de las mismas (daño político), la perdida de los ingresos municipales (daño fiscal) como consecuencia del daño político, la creencia errada que los Municipios Exportadores y Productores de Petróleo son ricos y que su pobreza es causa directa de la corrupción (daño sociológico).
En ese orden de ideas, si las regalías tienen como fin la compensación de los daños ocasionados por la actividad económica del petróleo, teóricamente su distribución debe ser proporcional al daño recibido por los Municipios afectados o por lo menos a las necesidades básicas insatisfechas de los pueblos productores y exportadores de petróleo. Sin embargo, nada más lejanos de esa realidad. Las Regalías son distribuidas de manera caprichosa al parecer de cada reforma constitucional y para el cumplimiento de políticas públicas nacionales.
De los diez billones que dejó el negocio del petróleo por concepto de Regalías durante el 2022, los Municipios generadores de esa riqueza a duras penas obtienen lo necesario para sobrevivir. A modo de ejemplo los Municipios del Golfo del Morrosquillo tendrán un ingreso para el año 2024, alrededor del 13 mil millones. Lo cual al ser comparado con sus necesidades básicas insatisfechas corresponde al 0,5%. Por lo que es más que claro que nunca podrán vencer las necesidades básicas insatisfechas y mucho menos la pobreza extrema. Máxime si pensamos que se trata de Municipios se sexta categoría en los cuales sus ingresos propios son escasos y la capacidad de realizar proyectos de inversión para mitigar la pobreza es nula.
El caso de Coveñas como todos sabemos es único, pues su riqueza no corresponde al ingreso de regalías ni al impuesto predial, su fortín económico es el impuesto de industria y comercio que genera Ecopetrol y sus empresas filiales.
Lo que está claro es que Coveñas también es un municipio pobre no por falta de ingresos, sino por el no aprovechamiento de sus recursos tributarios. Pues se calcula que en los últimos 20 años ha recibido mucho más de 3 billones de pesos. Cifra que no se refleja en su desarrollo territorial. Lo cual también debe ser materia de responsabilidad social del Sistema General de Regalías.
Retomando el daño sociológico, tal como se anotó, corresponde a la creencia que los Municipios con regalías petroleras son ricos pero corruptos, ha creado una barrera que ha impedido el debate si las regalías Petroleras cumplen su función socio-jurídica o por el contrario su distribución es solamente el capricho del legislador para resolver políticas públicas del orden Nacional o como ocurrió en la última gran reforma del 2011, para garantizar la reelección de un Presidente., Bajo la consigna; «La mermelada debe recorrer toda la galleta».
Al margen del criterio legal, que considera que las Regalías son propiedad de la Nación, lo cierto es que si partimos de un concepto pragmático-social, quien participa de la riqueza y sufre el daño directo debe por lo menos mitigar en forma significativa sus necesidades básicas insatisfechas, pues de lo contrario, que interés tienen los municipios y sus habilidades en aportar sus recursos naturales, su calidad de vida y hasta el pancoger (la pesca) para que el Estado colombiano reciba una gran riqueza en perjuicio de sus habitantes.
Ante esta lamentable situación de explotación que sufren los municipios productores y exportadores de petróleo se requiere su unificación para emprender una lucha social, jurídica y política que permita una verdadera compensación del daño recibido durante estos 30 años y un mejor bienestar para sus habitantes. En fin, de manera urgente se requiere abrir el debate y responder la pregunta; ¿Sí las regalías no son capaces de exterminar la pobreza en los municipios dónde se producen los daños ambientales, qué sentido tiene seguir contaminado?
Cómo argumento infalible, es importante recordar que jurídicamente la historia no siempre fue de esa manera, pues desde el primer código de minas Ley 129 de 1919, hasta la expedición de la construcción vigente en 1991, por 72 años, la regla de la distribución de la regalías fue en razón a la cercanía al mar.
Finalmente, lo cierto es que las Regalías Petroleras lejos de acabar la pobreza y construir un mejor país o territorio, han generado una pobreza financiera y cultural para los habitantes de los municipios involucrados en el negocio contrario a los grandes beneficiarios que han sido los Departamentos y la Nación.
*Juan Carlos García de León. Abogado. Especialista en Derecho Administrativo. Derecho Procesal y Contratación Estatal. Candidato a Magister en Derecho Administrativo.



