En estos días de finales del 2023 y principios del 2024, en muchos pueblos de la costa colombiana y del interior del país, se realizan las famosas corridas de toros y corralejas, que según los historiadores de ultranza viene de los españoles en la época de la colonia, donde los gamonales hacían sus parrandas con sus amigotes y en los instantes que efectuaban el descornado, el herraje y desparasitado del ganado, preparaban suntuosas fiestas donde los terratenientes, degustaban excelsos vinos, manjares y comidas a todo dar, viendo a los peones negros e indígenas, efectuar las labores anotadas.
Para mantener la tradición, buenas para unos y malas para otros, hoy se vive en nuestras polvorientas y acaloradas regiones del Caribe colombiano, las temporadas de corralejas que inician con la construcción de las monumentales plazas de madera, normalmente en honor a la virgen o un santo patrono. Allí, como en las corridas de cartel, también salen al ruedo el toro “despitorrado…mohíno…capirote” o el “…playero…avinagrado” o el “azafranado…carifosco…y zahonado”, popularmente conocidos en corraleja con los remoquetes del desaparecido “arrancateta” o el “toro Balay”, donde los garrocheros, paragüeros, banderilleros, capoteros realizan sus faenas al son de las bandas papayeras y los picó al fondo del entarimado, para el deleite de los miles de espectadores afines a las corralejas
La terminología vociferante de los locutores o público en general, es prototipo de nuestras costumbres, con expresiones taurinas dignas que demuestran que son conocedores del toro y su estirpe, de manera especial cuando el astado se asoma a la puerta del toril para ingresar al ruedo y los susodichos…exclama…salió un toro azabache hociblanco…coliblanco…y…cornivuelto” o “un astado “corniavacado…azafranado y semicareto” o los famosos cornudos Caerequesos.
Haciendo un parangón entre las corridas de “Cartel” y las de Corralejas, existen similitudes y también muchas diferencias entre una y otra, siendo que “las de cartel” son denominadas “faenas de arte, con rituales y matices” con muchos actores principales y secundarios, luciendo trajes de luces, donde el torero se engalana con una coletilla postiza de pelo natural que se cortan una vez deciden retirarse de los ruedos, mientras en las corralejas, los osados del común, manteros o capoteros, paragüeros, banderilleros, y garrocheros, con sus trajes típicos y disfraces, son los protagonistas de las fiestas paganas.
Tanto en corraleja como en los de las corridas, el uso de elementos contundentes, desafortunadamente es parte de la faena. Los garrocheros y banderilleros en las corralejas saben que darle la vuelta al ruedo con la puya en lo alto del morrillo del toro, o colocar un buen par de banderillas, les trae réditos económicos, mientras en el otro ángulo, el rejoneo se utiliza para mermarle la fuerza del toro, elaborar una buena faena, cortar rabo y orejas y salir en hombros de la plaza.
En éstos escenarios, la cultura popular aflora como patrimonio histórico y hace parte de esa penetración y culturización que ya sabemos nos trajeron los españoles, donde “ver el toro desde la barrera” o “coger el toro por los cuernos” es parte de nuestro léxico el cual adaptamos no solo a las corridas de toros y corralejas, sino a vicisitudes del diario acaecer.
Expresiones múltiples de activistas y ciudadanos defensores de los derechos de los animales por tanta maldad y crueldad que alegan, se han manifestado en numerosos escenarios y redes sociales, intentando impedir el retorno de las corridas de toros y las corralejas, muy a pesar que la Corte Constitucional de Colombia emitió un fallo en el que ratificó que “las corridas de toros y peleas de gallo no pueden ser sancionadas como prácticas de maltrato animal si se practican como parte de una tradición cultural arraigada”.
Las corralejas catalogadas por muchos de paganas, bárbaras y morbosas y para otros una expresión ancestral de cultura, son el sustento de muchas familias que se convierten en nómadas, de feria en feria, buscando el diario de sus familias y para otras se convierten en un somnífero de nuestros pueblos costeros que son proclives de tener pésimos servicios públicos, calles, vías secundarias y terciarias en mal estado, con elevados índices de inseguridad, con el fenómeno del mototaxismo en su esplendor, la falta de oportunidades de empleo, con la salud colapsada, sin servicio de trasporte público, pero con el redondel de la nueva corraleja lista para el desahogo.
Lo cierto es que en la una se toma vino en botas y en la otra “pero con perro” en botellas plásticas, y el que no guste de las corridas de cartel y las corralejas, que se quede quieto en casa…cada quien con…cada quien….



