Hace días no escribía nada y no es porque no haya nada que decir; por el contrario son tantos los temas que hay para opinar que no sabemos ni cuál tocar.
Cerrado el primer mes del año y ahora activados todos después de los cambios de administración y tratando de asimilar los traumatismos que estos traen y con expectativas un poco más aterrizadas, podemos sentarnos a esperar que depara cada gobierno distrital, que generalmente aturdidos por la ostentación del poder y claro está por los infaltables comités de aplausos que solo empañan el panorama e impiden ver los posibles errores en que puedan caer los gobernantes.
En casi 40 días, hemos visto la puesta en marcha de la guerra frontal contra los huecos, contratación que si bien viene de la pasada administración, es claro que faltaba la determinación para hacer que la ejecución de estás se materializara, nos da la sensación de ir por buen camino.
En cuanto a seguridad las cifras hablan por si solas y no son nada alentadoras, aunque es un problema en extremo delicado y sumamente peligroso, pues hay un terrible cóctel de crimen organizado y delincuencia común que hoy por hoy tienen a la ciudad sumida en el terror.
Aunque los retrovisores suelen ser desagradables, son necesarios porque nos permiten ver lo que viene detrás, es necesario conocer el origen del problema y las fallas en sus correctivos para dar soluciones eficaces y sobre todo, no repetir los mismos errores.
Conociendo el talante del actual alcalde Dumek Turbay y su capacidad gerencial, es fácil prever que pronto se darán cambios en el gabinete, es obvio que no todos dan la talla y que una vez aprobado el Plan de Desarrollo, se verá realmente cuál es la ruta por la que se avanzará. Movilidad, seguridad, salud, educación etc, todos deben articularse en pro de lograrlo.
Nuestra ciudad a diferencia de lo que muchos piensan no está en la ruina que aparenta, por el contrario, tiene todo, pero todo está en desorden; tenemos lo principal que es capacidad de pago e insumos para ser la reluciente joya de la corona.
Con una oposición plegada en apariencia, y servil a sectores políticos cuestionados y reconocidos por su capacidad de “apretar” no es de extrañar que se empiecen a torpedear procesos que impulsen el reordenamiento del Distrito.
Es bueno recordar que los alcaldes son solo ordenadores del gasto, gerentes, no son magos fantásticos que pueden cambiarlo todo solo con agitar la varita.
Esperemos a que pasen los días y que todo vaya tomando su cauce, eso sí, siempre vigilantes y exigentes, porque hay capacidad de trabajo.



