Hablar de la Mojana, no sabemos que sentir, si tristeza, emoción, expectativa, desazón o esperanza. Mucho han sufrido nuestros coterráneos con los sucesos o vicisitudes que han encarnado estoicamente sus habitantes de bien, gente emprendedora, trabajadora, inteligente, con humildad en su accionar, un territorio de altos índices de violencia de diferentes actores, una región con muchas deficiencias o carencias de los servicios básicos, salud, educación, agua potable para el consumo humano, alcantarillado, comunicaciones y vías.
Nos engañamos cuando creíamos que la problemática de la Mojana eran sólo los nombrados, pero no es así, lamentablemente se observa el estancamiento de la ganadería y la agricultura, la desaparición de las industrias paneleras y azucareras, la pesca, con problemas, producto de la contaminación de la minería ilegal y “Cara de Gato”, que afortunadamente acaban de cerrar el último tramo que faltaba, los servicios públicos y la red hospitalaria deficientes, la corrupción galopante, el servicio de energía caro e intermitente y las vías terciarias en pésimo estado interfiriendo en la rápida salida de los productos del campo y la inestabilidad comercial.
Esa inmensa despensa agropecuaria, requería de la intervención del Gobierno, el estamento social y universitario, para que el Estado asumiera con responsabilidad la obligación que tiene con el pueblo colombiano de brindarle educación-social en sus distintos niveles y especialmente con la extensión de las universidades públicas, para que una vez profesionalizados o tecnificados, se puedan integrar con políticas de empleo o de micro empresas al sector productivo y así estar decididamente inmersos en el desarrollo de la región y en el proceso de la Paz Total.
Cuando el rector de UNISUCRE, Jaime de la Ossa Velásquez, materializó una idea de luchas titánicas de la comunidad mojanera con relación a la creación de una sede de la Universidad, en Majagual Sucre, todos los sectores reaccionaron positivamente y en especial por lo que se observa, al ver qué en Sincelejo, el rector De la Ossa, ha manejado el Alma Mater con mentalidad de academia con prudencia y austeridad en sus finanzas, equilibrio y buenas relaciones con su entorno interior y exterior, que son las bases primordiales para el inicio y buen funcionamiento de la Universidad de la Mojana, cumpliendo de las disposiciones legales y reglamentarias en especial lo referente a la autonomía universitaria contemplada en el artículo 69 de nuestra Constitución Política y Ley 30 de 1992.
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Para ello, se requiere de parte del gobierno nacional ponerse “…la camiseta Mojanera”, sin engaños ni los famosos estudios de factibilidad, aportando los recursos acordes con las necesidades y no dejarlos como los famosos Mamuts o Elefantes Blancos que pululan en nuestro país.
El gobierno nacional informa que parte de un presupuesto 26 mil millones, donde inicialmente se desarrollarán las actividades académicas en la sede de La Escuela Normal Superior de la Mojana, para más adelante, con el presupuesto anunciado, más lo que aporten la Gobernación y las alcaldías de la Mojana, se engrandecería para la construcción de sede propia y será acorde con las necesidades prioritarias especialmente en sus infraestructuras físicas y tecnológica, recursos financieros y humanos, que garanticen el acceso y permanencia en condiciones de calidad y eficiencia, ya que se trata de sacar de la ignominia los pueblos de esa Colombia profunda históricamente relegada y que hoy es necesario recuperar.
Los programas a montar con matricula cero que deberán iniciar en el segundo semestre del 2024, son pertinentes con la vocación y el desarrollo económico de la región, como la Ingeniería Agrícola, Industrial y licenciatura en Lenguas y Matemáticas, con 45 alumnos por programa y con una proyección a cinco años de más de mil estudiantes de la región, cuando un 90% son jóvenes de estrato uno y dos y viven en municipios y zonas rurales. El desarrollo social-económico y la Paz Total, también está en la educación superior.



