No es perfecto ni lo será. Es más no está cerca de serlo, pero es un valioso no valorado que pudo hacer más en el cargo público más importante del departamento de Sucre. De tanta importancia que es más que el perrateado empleo de gobernador. Son los valores, esperanzas e ilusiones concretas de generaciones. Es un oficio sagrado.
En su errante andar nos deja ver el transcurrir de su vida, la amargura sana que lo embarga, entre otras al tener que lidiar con tantos tontos cargados de maldad sin límites, que dominan el mundo de los que valen, porque los que mandan no valen un descontinuado chivo.
Es la amargura de los inteligentes. Él lo es. Su barba y cigarro constante denotan su impotencia ante el infierno de los «mafiosos». Denota las infinitas e imposibles ganas de «si consiguiera regresar al pasado y reconstruir mi vida ¡Si pudiera!
Si fuese posible, dejaría de lado a esos amigos. Aquellos que se regocijaron con mi desgracia”. Los tiene plenamente identificados con «mis viejos ojos cansados de mirar», pero les toca soportarlos, porque son un «cartel” del «crimen» sin disparar, -y eso quien sabe-a quienes los poseedores de valores, poetas de verdad, no los chimbos lambones del poder, se ven abocados a tolerar el «secuestro», con tal de lograr hacer algo por la humanidad que los rodea.
Sin ser perfecto, su cuota de sacrificio no es menor en el mundo de «criminales” estúpidos que se enraizaron en el fértil Sucre. No me cansaré de decirlo, son una mafia, que algún día, ojalá temprano, caerán, aunque hoy van en pleno por adueñarse del sagrado territorio.
Aún con sus debilidades, es muro de contención que pudiera serlo más. Para llegar le correspondió preguntarse «¿Tiempo malgastado con esos amigos?» «Amigos».
No son amigos. Él sabe su respuesta. Es consciente que » te quitan la vida a jirones»
«Apenas puedo cargar mi cruz, mis dolores. Mis expectativas solo me hacen sufrir.
Quizá el tiempo no alcance, jamás será suficiente.
¿Por qué espero tantas cosas?
Si no podré llegar a poseer lo que mi alma necesita y siente».
«Llevo sobre mis hombros cansados de tanto dar, esperanzas e incertidumbres, rencores de mundos recorridos, de lugares remotos, lejanos, oscuros, sin brillo, donde habitan fantasmas heridos y sueños sin realizar».
De antemano te pido disculpas, por quizá mal interpretar tu calvario- que de pronto existe nada más en mi mente- de tener que lidiar con tantos, estúpidos, «criminales» y plus ultra brutos que mandan, mandan en Sucre. De los inteligentes con valores y sensibilidad no es este territorio. Recuerde doctor Jaime de la Ossa Velázquez, rector del futuro de los sucreños, de la Universidad de Sucre, autor del exquisito poemario «Cavilaciones errantes» que hay una frase por la que vale la pena hacer «locuras» de esas con las que los inteligentes cambian el mundo y es «amarte es vivir».



