El mundo, descompuesto por los innumerables gobiernos dictatoriales, las fratricidas guerras por elementos inverosímiles como la defensa de religiones, el hambre y la pobreza multidimensional, ha desarrollado la infamia del presente y futuro del mundo, como es la migración de niños y niñas menores de edad, que normalmente deambulan con su miseria sin acompañamiento de sus padres o familiares con altos grados de vulnerabilidad y sin ninguna clase de protección durante el mal llamado tránsito o en la llegada a destinos desconocidos.
Allí inician sus pesares, no solo son los fenómenos meteorológicos extremos, también el hambre y la sed, expuestos al sol, la lluvia y el frio, proclives a los malos tratos de adultos que en mejores casos son utilizados para la mendicidad y en extremos para la trata de personas, la explotación sexual o como mulas del narcotráfico y armamentos.
“La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño define como niño a “todo ser humano menor de 18 años de edad”. A los gobernantes del mundo deberían sentir vergüenza y a la vez poder ser judicializados por tribunales de carácter mundial, cuando la misma UNICEF y Save the Children les dicen que por falta de comida, vivienda digna y empleo del entorno familiar, más los conflictos internos y externos, más de 100 millones de niños y niñas se encuentran deambulando por el mundo sin sus derechos fundamentales, ignorados por la sociedad y con el presagio que un gran sector de ellos terminan con problemas de discapacidad, heridos de por vida o traumatizados.
Y todo va más allá de la forma olímpica como los mandatarios del mundo han afrontado la problemática, desconocen que de los grupos en desplazamiento, el 40% corresponden a niños y niñas, que han perdido su permanencia en escuelas o colegios, sin atención sanitaria, de 75 personas desplazadas en el mundo, uno es niña o niño y en su mente ya se encuentra todo tipo de violencia, destrucción o malignidad que no deberían hacer parte de su infamia niñez sin saber que cuando un niño o niña pierde su hogar, pierde una parte de su vida que jamás recuperará.
Si en el mundo llueve en Colombia no escampa, somos uno de los países con más desplazados del mundo y sigue aumentando exponencialmente a más que nuestro territorio es uno de los predilectos para el tránsito de migrantes de muchas partes del mundo.
El ingreso a nuestro país de inmigrantes de diferentes partes del mundo, es de vieja data y tiene su mayor centro de origen a la vista del mundo, cuando salen de la terminal de transporte de Tulcán, (Ecuador), Haitianos, cubanos, venezolanos africanos y de otros países que conjuntamente con los coyotes, llegan hasta el municipio de Ipiales en Colombia para luego tomar la ruta inhóspita de la subregión del Urabá y el Tapón del Darién para llegar a Necoclí, para luego introducirse en ese inmenso y peligroso corredor selvático para llegar a Panamá, seguir su ruta por Centroamérica buscando ingresar ilegalmente a Estados Unidos o Canadá.
Es sabido que por ese corredor transitan unos 100 mil migrantes irregulares y esa cifra puede ser mayor con los venezolanos contados y no contados que lo hacen de manera ilegal a través de trochas por la extensa frontera con Colombia y desafortunadamente el 40% también corresponden a niños y niñas.
Internamente, nuestro país también vive el fenómeno de los desplazamientos, con ese mismo porcentaje de niños y niñas y los mandatarios de departamentos como Nariño Chocó, Valle del Cauca, Antioquia, Cauca, y Bolívar, entre otros, conjuntamente con el gobierno nacional, deben establecer verdaderas políticas públicas para la protección y el restablecimiento de los derechos de los niños y niñas vulnerados en Colombia, como el manual dado a conocer por UNICEF con opciones de “cuidado alternativo, albergues a puertas abiertas, especialistas de diversas áreas, departamentos especializados y acogimiento familiar”.
El camino es extenso, tortuoso y espinoso, pero los niños y niñas de Colombia y el mundo están a la espera que nuestros gobernantes conciban la idea que pueden ser sus propios hijos.



