El presidente Gustavo Petro, tiene clara la existencia de dos Colombia, la oprimida y la opresora. La primera es la mayoría, que rebusca el diario para su subsistencia, donde comer una vez al día es triunfar. No muy distante está la pobreza oculta de una clase media que también brega su diario subsistencia.
La segunda Colombia es la opresora que vive del Estado. Todo gira alrededor de la política y lo camuflan como empresa privada. Vaya usted a ver, su real poderío es el entramado público que aflora por cualquier rama.
Son ricos opresores de una Colombia a la que quitan la oportunidad de educarse. Los que logran hacerlo, son ipso facto sometidos a la dinámica de conseguir un esclavizante empleo, con inadecuado pago, de agradecimiento eterno.
Los médicos generales viven su calvario de sometimiento a EPS que están en manos de opresores, quienes acumulan riquezas con las coberturas y se embolsillan, con la herramienta de no permitir el acceso a la salud.
Lo he dicho mil veces, lo único que importa a los «luchadores» porque no salga a flote la reforma a la salud, son los 95 billones de pesos que hoy manejan entes privados. De allí la ira y estruendo con que salen a defender su plata, que no es de ellos. Colombia envés de armas necesita educación, vías, transporte, una banca que ojalá inunde el suelo colombiano de bancos de todo el mundo, que acaben con el monopolio del dinero en este país.
Petro lo entiende, pero su equipo no lo acompaña. Olmedo vio el cargo de UNDGR como la «oportunidad» de su vida para enriquecerse. No es el único en la cuadrilla petrista.
Algo cierto es que Petro -fuera de elecciones, que es para lo único que cuentan- está haciendo visible a los oprimidos, pero comete el error de no tener en cuenta a la impulsadora de cambios que es la clase media, la cual de no aliviarla, Petro, asegura el fracaso de él. Para la clase media no hay subsidios, reforma agraria ni nada sólido. Existen profesionales ganando el salario mínimo.
Petro, estimula la lucha de clases. No la disfraza. Es la única forma de afrontar la realidad de que hay dos Colombia, sinónimo de injusticia social apocalíptica. Ojalá no cueste sangre, es lo ideal, pero ante la obstinación de los opresores dueños del título de «don», esto terminará reventándose, porque el pueblo y el presidente están dispuestos, siendo este consciente que no ha logrado mayor cosa y el reloj le comenzó a jugar en contra.
He recalcado que Petro se equivoca con el inalcanzable precio de la gasolina, con ello los opresores están listos para incendiar el país y por el otro lado Petro también.
Después de Petro esto no será igual. No habrá reelección, escribanlo. La mejor forma de Petro dejar un legado, independiente de quién sea, es asegurándose que quien lo suceda entienda la dinámica, carencia y soluciones sociales que se requieren.
A mí particularmente me gusta lo que hace el presidente Petro, que no es más que dar a conocer a los opresores, que no son los únicos que viven en Colombia, ni los otros viven alquilados. Esto se necesitaba en este momento que la gente sabe que para andar guindando, es mejor caer.



