Transcurre el primer cuatrimestre del año y con él los primeros 100 días de la actual Administración Distrital que como siempre trae consigo muchas expectativas, esta primera etapa, que es como una muestra de lo que se dará una vez se apruebe el Plan de Desarrollo, herramienta de planificación que orienta las acciones administrativas, una hoja de ruta que marcará en que se invertirá el presupuesto distrital.
¿Qué esperamos los cartageneros? Es una pregunta que tiene en apariencia una respuesta sencilla, pues instinto siempre diremos lo que deseamos y ahí las respuestas son diversas, van desde el romanticismo, la indiferencia, lo fantástico y lo imposible, hasta lo ilegal.
El cartagenero promedio es indiferente ante lo público por tanto depende de manera inconsciente del albedrío de la Admiración de turno y es solo responsable de sus decisiones individuales, es decir se centra en sus necesidades individuales, sin tener en cuenta que las necesidades comunes afectan todo.
¿Pero qué necesitamos? Mejor aún. ¿Qué es lo verdaderamente necesario? Según la definición aristotélica de estas dos, lo necesario es la causa cooperante sin lo cual es imposible vivir, la respiración, el alimento, el agua; sin ellos es imposible vivir, o los medios sin los cuales sería imposible prevenir un mal o librarse de él, por ejemplo es necesario un remedio para curar una enfermedad o trabajar para recibir una contraprestación; por otro lado la necesidad va más a lo inevitable, es opuesta a la acciones voluntarias, es más ligada al deseo que a su vez tiene todo que ver con nuestro lado irracional.
Para hacer un ejercicio práctico o tangible de lo anteriormente dicho, un sector de la población desea un gran equipo de fútbol al cual apoyar en el estadio, pero, ¿es esto necesario para la ciudad? ¿Es vital?
La ejecución eficaz de re saneamiento de las vías, ¿es necesaria para mejorar tanto la malla vial como la movilidad? Claro que lo es, así como la implementación de contundentes planes de acción que mejoren la seguridad, pues esto no solo mejora el aspecto visual, la imagen que tenemos como destino turístico y la dinamización de la economía.
A la fecha hemos visto una dualidad entre el deseo y lo necesario, lo que nos hace pensar que de momento las cosas van por buen camino. La carencia de gobernantes con capacidad administrativa, carácter, conocimiento y vocación ejecutora convirtió en una necesidad todo lo que en otras ciudades es el desempeño básico de cualquier Administración, hoy tenemos la sensación de tener satisfecha esta necesidad.



