Con la llegada al poder del Presidente Petro, la política económica toma un rumbo diferente al que normalmente ha existido en Colombia. No es correcto, como muchos empresarios alegan, que se trate de una filosofía de izquierda frente a una de derecha. Se trata de desarrollar la economía en todo su esplendor, y para ello, los modelos se van estructurando de acuerdo con las necesidades de cada país.
Nuestro país se caracteriza por un alto grado de economía informal, donde no llegan las matemáticas puras ni se aplican los modelos estadísticos del economista escocés Adam Smith, con su conocida teoría de la oferta y la demanda. La economía informal es empírica y pertenece a estratos socioeconómicos relativamente medios y bajos, donde los trabajadores autónomos desean vivir de su trabajo, ya que el Estado y la empresa privada no ofrecen suficientes empleos dignos para que las familias puedan vivir con calidad.
También es cierto que la economía formal ha desarrollado el empresariado mundial aplicando teorías como la neoclásica, keynesiana, monetarista o institucionalista. Esta última es la más usada actualmente, ya que está basada en la investigación de diferentes disciplinas afines a la economía, como la ingeniería, la medicina, la sociología y la psicología. Estas disciplinas, conjuntamente, toman decisiones que influyen en las relaciones de mercado, unidas a las nuevas tecnologías, buscando maximizar las utilidades de las empresas privadas.
Por otro lado, la Economía Popular tiene entre sus objetivos la creación de empleos, lo cual no es nuevo, ya que desde el gobierno de Ernesto Samper, pasando por Andrés Pastrana, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos e Iván Duque, se ha implementado en los Planes de Desarrollo la creación de miles de empleos con la economía popular. Todos estos gobiernos han intentado reducir la pobreza multidimensional, y afortunadamente, el DANE reporta que la calidad de vida en Colombia ha mejorado en los últimos dos años, lo cual es un avance positivo para mejorar las condiciones de vida de nuestra población.
Sin embargo, para disminuir dicha pobreza es necesario elevar el PIB per cápita. En Colombia, para este año, según datos del Banco Mundial recopilados por Trading Economics, se logró un repunte de 0.7% en el primer trimestre, pasando de US$6,836 en 2023 a US$6,850 en 2024. Esta cifra es muy inferior a la de otros países latinoamericanos como Uruguay, con US$18,109; Panamá, con US$16,294; Chile, con US$14,248; Costa Rica, con US$14,02; y Argentina, con US$12,625.
Nuestros conciudadanos no pueden estar solamente enfocados en cubrir los gastos del día a día, dependiendo de los cobros diarios. Es necesario que puedan ahorrar capital y reinvertir las ganancias, especialmente en los sectores agrario, artesanal y de manufacturas.
Es necesario despolitizar el SENA y agilizar sus programas del Fondo Emprender, donde la tramitología es desesperante y son pocos los afortunados que logran acceder a dicho beneficio en las regiones. Se deben aligerar los procesos de formación, asesoría y financiación rápida, con excelentes competencias laborales.
Para nuestras regiones, con grandes oportunidades de expandir el turismo, no solo el popular sino también el de ingresos altos, debe ser una prioridad del Estado. De esta manera, los emprendedores de la economía popular y los grandes empresarios de la economía formal, unidos, pueden alcanzar el desarrollo del país y mejorar el nivel de vida de las familias.
Esta situación no se puede catalogar ni de izquierda ni de derecha, como está acostumbrado el país debido a la irracionalidad de unos y otros.



