El alcalde de Cartagena de Indias, Dumek Turbay Paz, ha sido objeto de duras críticas tras anunciar la transición de los tradicionales coches halados por caballos a vehículos eléctricos. La iniciativa presentada con la colaboración del comediante Alejandro Riaño, ha sido vendida al público como una medida de protección animal. Sin embargo, según denuncias de los mismos cocheros y otros actores involucrados, detrás de esta iniciativa se esconden intereses económicos que buscan beneficiarse a costa de la tradición y el sustento de muchas familias.
Desde hace tiempo, los cocheros chambaculeros han sido satanizados como maltratadores de animales. Esta campaña de desprestigio ha preparado el terreno para la implementación de coches eléctricos, presentada por Turbay y Riaño. Sin embargo, los cocheros argumentan que esta narrativa de maltrato animal ha sido exagerada y manipulada para justificar la eliminación de los coches de caballos, una tradición arraigada en la ciudad.
Foto. 724 noticias.
Es importante recordar que, irónicamente, el mismo Riaño utilizó un coche de caballos durante su boda en Cartagena y ahora sale a denunciar este medio de transporte como una forma de maltrato animal. Esta contradicción no ha pasado desapercibida para los cocheros, quienes ven en ello una señal clara de hipocresía y manipulación.
Según el abogado Joaquín Torres Nieves, la gran verdad que sale a la luz es que la transición a coches eléctricos no es solo una cuestión de bienestar animal. «Hay poderosos intereses económicos detrás de esta decisión. Empresarios están aprovechando esta oportunidad para establecer un nuevo negocio, mientras los cocheros, quienes han batallado para mantener esta tradición viva, se ven dejados a su suerte».
Torres Nieves, agregó que «El alcalde Turbay no solo ha anunciado la implementación de coches eléctricos, sino que también ha nombrado como director de tránsito a una figura que, hace más de una década, estuvo involucrada en la destrucción de las caballerizas de Chambacú. Esta decisión, vista por muchos como una continuación de una agenda anti-cocheros, agrava aún más la situación».
El alcalde ha mencionado a Santo Domingo como un ejemplo a seguir, donde se implementó un proceso similar. No obstante, la situación actual en Santo Domingo debería ser una advertencia más que un modelo. Los elevados costos de mantenimiento han llevado a la quiebra a muchos cocheros, dejando los coches eléctricos en un estado deplorable, resultado pone en duda la sostenibilidad y viabilidad del proyecto en la capital de Bolívar.
A pesar de la presión y las amenazas de cambios impuestos desde el gobierno distrital, los cocheros no se rinden. Han dejado claro que continuarán luchando por su derecho a trabajar y por la preservación de una tradición que es parte integral del patrimonio cultural de Cartagena, lucha a la que se están sumando otros sectores quienes están alerta y cuestionan las verdaderas motivaciones detrás de estas decisiones que, bajo la superficie, parecen ser más un negocio que una genuina preocupación por el bienestar de los caballos.
La verdad detrás de la decisión del alcalde Dumek Turbay revela una compleja trama de intereses económicos y políticas mal disimuladas bajo la bandera del bienestar animal. La transición a coches eléctricos, presentada como una mejora, amenaza con destruir una tradición histórica y dejar a muchas familias sin su fuente de ingresos.
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