El exgobernador de Bolívar, Juan Carlos Gossaín, alerta sobre el evidente fraude en las elecciones venezolanas y la perpetuación del poder de Nicolás Maduro y su círculo cercano. Gossaín destaca la impunidad con la que operan estos líderes, respaldados por fuerzas militares y potencias internacionales como Rusia y China. Además, critica la débil respuesta de la comunidad internacional, particularmente de Estados Unidos.
Gossaín también advierte que la situación en Venezuela podría ser un presagio de lo que podría ocurrir en Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro, comparando a los líderes y sugiriendo que la resistencia pacífica no es suficiente para derrocar dictaduras.
Ocurrió lo previsible, el fraude ante los ojos del mundo. Quien apoya su poder en la fuerza, nunca abandona el poder de manera pacífica. Maduro y Diosdado, los Rodríguez y Vladimir Padrino no se van porque no tienen a dónde ir. Sus robos, sus crímenes y su negocio de narcotráfico no les garantizan buen cobijo ni siquiera en Cuba, ya saben que allá quien lleva la plata se muere apenas se acaba, o antes, cuando se la roban directamente. Y tampoco se van a ir porque saben que no hay consecuencias para el fraude orquestado. Apenas unas acartonadas declaraciones desde algunos países de Europa y las de cuatro o cinco en América Latina.
Penoso, por no decir invisible, el acompañamiento de los Estados Unidos. Ninguna autoridad le restaba al decrépito Biden después de negociar barriles de petróleo a cambio de devolverles a Alex Saab y reducirles las sanciones, especialmente las relacionadas con el congelamiento de cuentas bancarias.
No tienen que reconocer una derrota electoral porque el narco ejército sigue apoyándolos, y también porque Rusia y China contienen cualquier acción militar internacional. La lógica de las personas apegadas a la ley y la razón no aplica para esta banda despreciable, no hay inteligencia ni educación en sus actos ni en sus formas, operan solo con astucia y maldad, con respaldo del cardumen de miserables que se lucran por igual del régimen, esos que en Venezuela son conocidos como “enchufados”.
Aunque los tibios de siempre, los que nunca tienen soluciones pero sí oposiciones morales, los que se creen más civilizados y tolerantes se afecten o griten delirantemente, hay una verdad de a puño que la historia ha enseñado repetidas veces, “con votos no se tumban dictaduras”, por más disfraz democrático que se pongan. Lo decían los romanos antiguos: “Si quieres paz, prepárate para la guerra”.
Los pueblos de ultramar, cuando los imperios eran europeos, no obtuvieron su independencia con diálogos y concertaciones, la homenajeada y siempre presente revolución contra la Francia monárquica y la declaración de derechos humanos y “ciudadanos” tampoco surgió de un apretón de manos. Lo vuelvo a decir, el poder que se sostiene en la fuerza nunca claudica a nada que no sea una fuerza mayor.
Más de 300.000 muertos y unas condiciones de extrema precariedad, miseria y hambre, una diáspora de casi seis millones de expatriados, es el resultado de 25 años de la pérfida y mal llamada revolución bolivariana liderada por un militar de segunda categoría y secundada después por un gigantón crápula e ignorante asociado con un asesino calificado.
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Hace unos años, una muy seria periodista colombiana que vivió en Venezuela durante un tiempo, Catalina Lobo-Guerrero, escribió un libro titulado “Los restos de la revolución”, que predestinaba en el capítulo final lo siguiente: “La historia les había enseñado al comandante, a Maduro y al resto de los cuadros del partido que insistían en continuar su legado, que las revoluciones llegaban a su fin por el asesinato de sus líderes, por golpes de estado o guerras civiles, pero jamás por unos votos”.
También hace unos años, el abogado Abelardo de la Espriella publicó un libro que causó enorme controversia por la tesis que sustentaba para enfrentar a los gobiernos antidemocráticos y que estaba consignada desde el mismo título: “Muerte al tirano”.
Una vez más se humilla el talante democrático de la oposición en Venezuela, otra vez después de someterlos a vejámenes, amenazas, inhabilidades, encarcelamientos y muertes, les recuerdan a los ciudadanos comunes que ellos son el poder que todo lo controla y decide.
Lo que viene para Venezuela supera lo que podamos imaginar. Pero lo que sí podemos suponer es lo que están preparando para Colombia. Petro no es inferior en maldad ni en su propósito autoritario que Chávez o Maduro. Y como si fuera poca desgracia, a falta de Diosdados, tenemos de sobra a Gustavo Bolívar y tantos más de la peor estopa. Seguimos avisando lo que algunos aún se resisten a ver.



