El jueves primero de agosto de 1940, en el vibrante Valledupar, nacía Consuelo Inés Araujonoguera, hija de Santander Araújo Maestre y Blanca Noguera Cotes. Desde joven, Consuelo, conocida cariñosamente como ‘La Cacica’, se embarcó en un viaje que la llevaría a convertirse en una figura emblemática de la música vallenata. Su pasión y dedicación la llevaron a investigar, escribir y promover este género musical, llevándolo a lugares inimaginables.
Hoy, al recordar esta fecha, su hija María Mercedes Molina Araújo, evoca con nostalgia y amor la vida de su madre. «De mi mamá Consuelo Araujonoguera extraño todo», dice con un suspiro profundo, atrapando en su memoria esos momentos donde la resiliencia y el optimismo de su madre marcaban la pauta. “Tengo muy gratos recuerdos, específicamente sobre su capacidad de resiliencia. Era una persona que no se amilanaba ante la adversidad porque siempre miró el futuro con optimismo y perseverancia. Eso nos lo impregnó a nosotros, sus hijos”.
Aunque muchos conocieron a Consuelo como una figura central del Festival de la Leyenda Vallenata y en el periodismo, María Mercedes la recuerda desde el hogar, donde su madre brillaba con una luz diferente. “Mi mamá fue una mujer organizada y hogareña. Le gustaba arreglar el jardín, donde tenía un rosal, y hasta estudió e investigó sobre la materia. Disfrutaba los ambientes de su casa, la cocina y remendaba la ropa. Se preocupó porque tuviéramos todo lo necesario para vivir cómodamente, sin exageración y lujos más allá de los necesarios”.
María Mercedes también destaca la firmeza y virtudes de su madre. “Definitivamente fue una madre estricta y celosa, que imagino quería que me casara con un príncipe. No le gustó ninguno de mis enamorados, pero luego conciliamos y finalmente fuimos buenas amigas. Al pasar el tiempo tuve mi primer hijo, Juan Felipe Cerchiaro Molina, que también fue su primer nieto, a quien ella le dedicó una ‘Carta Vallenata’ en El Espectador”.
Con una sonrisa que denota tanto ternura como añoranza, María Mercedes continúa su relato. “Cuando eso sucedió, ella cambió y le conocí una faceta amorosa que desconocía. Una vez le comenté que violaba con su nieto todo lo que no permitió con nosotros los hijos, y me respondió con algo maravilloso: «Es que la obligación de criarlos es tuya y la de malcriarlos mía». Soberana enseñanza”.
A través de sus recuerdos, María Mercedes pinta un retrato íntimo de Consuelo Araujonoguera, no solo como la icónica promotora de la música vallenata, sino como una madre amorosa y una abuela indulgente. En cada palabra, se percibe el profundo amor y admiración que siente por su madre, dejando claro que el legado de ‘La Cacica’ perdura no solo en el ámbito cultural, sino en los corazones de su familia.
* Con datos tomados de Quinto Poder.



