Este miércoles 21 de agosto de 2024, me desperté con la triste noticia de la muerte de un gran amigo, Álvaro Garrido Pomares, un periodista cuya vida estuvo marcada por su incansable dedicación al campo, su amor por la gente y su compromiso inquebrantable con la verdad. Esta mañana, su corazón dejó de latir, pero su legado y su voz permanecerán por siempre en nuestros corazones, en los de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y admirarlo.
Álvaro fue mucho más que un periodista; fue un visionario que supo entender y transmitir las necesidades del agro colombiano. Desde joven, siguió los pasos de gigantes como Alfonso Pomares Agámez, Pablo J. Caballero Martínez y Hernando Silva Corvis, sumergiéndose en el mundo de la radio y el periodismo, donde encontró su verdadera vocación: ser la voz de las comunidades rurales.
Con Álvaro comencé a mostrarme como periodista en Cartagena de Indias, los recuerdos de aquellos años en la extinta Voz de la Victoria todavía me acompañan. Allí, comencé a compartir con él los micrófonos del Noticiero del Campo, grabábamos a las 5 de la tarde para salir al aire a las 5 de la mañana, llevando la información más relevante para los campesinos y agricultores de la región. Con Esteban Guerrero, también hicimos “Voces de las Provincias” en la desaparecida Radio Mundial, y en la Voz de las Antillas de Todelar además del noticiero, compartimos historias, risas y mucho aprendizaje. Era un hombre chabacano y bacán, siempre dispuesto a escuchar y compartir con los demás, cualidades que lo convirtieron en un amigo entrañable no solo para mí, sino también para mi padre Diógenes, con quien ahora, seguramente, se reencontrará en la eternidad.
Su pasión por el periodismo agropecuario lo llevó a fundar y dirigir programas que se convirtieron en referentes para el sector. No era solo un comunicador; era un líder que, desde la Asociación de Periodistas Independientes de Colombia (APIC) Seccional Cartagena, abrió micrófonos y creó espacios de diálogo donde la comunidad pudo expresar sus inquietudes y buscar soluciones conjuntas. Su cercanía con la gente, su humildad y su capacidad para ganarse la confianza de sus oyentes lo hicieron una figura querida y respetada en toda la ciudad.
Deje de verlo y cuando preguntaba por su vida algunos colegas me decían que estaba en su casa y que tenía una tienda naturista. Durante los últimos años, una isquemia lo obligó a alejarse de su labor diaria y a recluirse en su hogar. Aquel aislamiento, que agravó su salud, finalmente hizo que su cuerpo no resistiera más. Sin embargo, a pesar de los desafíos y la soledad, nunca dejó de ser el periodista comprometido y apasionado que todos conocimos.
Su partida me duele profundamente, pero también me llena de gratitud por todo lo que nos dejó. Álvaro Garrido Pomares fue más que un amigo, fue un maestro y un ejemplo de lo que significa ser un guerrero de verdad en el mundo del periodismo.
Gracias, Álvaro, por creer en mí, por tu dedicación, por tu lucha incansable y por el amor que siempre mostraste hacia los demás. Tu voz seguirá resonando en las ondas de la radio y en los corazones de quienes te escuchamos y aprendimos de ti.
Descansa en paz, amigo. Tu memoria seguirá viva en cada rincón de Cartagena y en cada rincón del campo bolivarense donde tu trabajo dejó una huella imborrable.



