Las calles del barrio Chipre en Cartagena de Indias fueron escenario de un nuevo crimen que, aunque cotidiano en su brutalidad, revela la persistente sombra del crimen organizado en la ciudad.
A las 6:45 de la mañana de este miércoles 21 de agosto, cuando la ciudad apenas comenzaba su jornada, Óscar Muñoz Garay, de 47 años, fue asesinado a tiros mientras esperaba ser atendido en una tienda en el sector aledaño a La Castellana. La víctima regresaba de un gimnasio, en lo que parecía ser una rutina diaria, sin sospechar que sería su última.
El asesinato, ejecutado con precisión por un sicario que se le acercó por la espalda, es una evidencia de cómo la violencia puede irrumpir incluso en los momentos más rutinarios de la vida. Muñoz Garay, recibió múltiples impactos de bala, que no le dieron oportunidad de sobrevivir. El sicario, en una muestra de la impunidad con la que operan estos criminales, huyó rápidamente del lugar, abordando una motocicleta que lo esperaba para facilitar su escape pero antes lo despojó de sus pertenencias.
La Policía Metropolitana confirmó que Muñoz Garay tenía antecedentes por tráfico de estupefacientes, con tres anotaciones en su historial delictivo que datan de 2015 y 2018. Estos detalles, aunque reveladores, dejan más preguntas que respuestas sobre los motivos detrás de su asesinato. ¿Fue una venganza, un ajuste de cuentas, o parte de un conflicto más amplio en el inframundo del narcotráfico? Lo cierto es que este asesinato selectivo se suma a una preocupante lista de crímenes que reflejan la lucha silenciosa y mortal que se libra en las calles de la capital de Bolívar.
La policía ha iniciado una investigación para dar con los responsables, pero el hermetismo y la eficacia con la que se ejecutó el asesinato indican que los perpetradores están bien organizados y posiblemente protegidos por un entramado criminal que va más allá de lo evidente.



