En un momento crítico para Cartagena de Indias, donde la escalada de violencia y la creciente inseguridad ponen en peligro la vida cotidiana de sus habitantes y las cifras se desbordan, la administración distrital liderada por Dumek Turbay Paz ha optado por priorizar el espectáculo sobre la seguridad.
El reciente anuncio del alcalde sobre la contratación de El Gran Combo de Puerto Rico para el lanzamiento de las Fiestas de la Independencia ha generado una oleada de críticas y cuestionamientos sobre las prioridades de la Alcaldía. En una publicación en la red social X, el alcalde justificó este gasto, cuyo monto aún se desconoce, argumentando que los cartageneros lo habían solicitado y que sería el punto de partida de las festividades.

Sin embargo, este gesto, que podría interpretarse como un intento de satisfacer una demanda popular, revela una alarmante desconexión con la realidad que enfrenta la ciudad. La inseguridad, el aumento de la violencia y las recientes inundaciones causadas por las fuertes lluvias son problemas urgentes que requieren una atención inmediata.
Mientras las calles se inundan, tanto por la delincuencia como por las lluvias, el alcalde parece más interesado en ofrecer «pan y circo» que en abordar los problemas que afectan directamente a sus ciudadanos.
¿Qué le mostrará el alcalde a El Gran Combo de Puerto Rico cuando lleguen a la ciudad? ¿Una Cartagena sumida en el caos, con balcones en peligro de desplome con una seguridad pública cada vez más debilitada y barrios enteros bajo el agua? La preocupación va más allá del simple gasto en un concierto; se trata de una gestión que parece no entender las verdaderas prioridades de una ciudad que clama por seguridad y bienestar, no por fiestas. ¿Cuáles son los resultados del millonario gasto en un plan que ya no se sabe si es Titan o Tilín?
Aunque algunos sectores aplauden los anuncios de grandes obras y reparcheos, muchos ciudadanos comienzan a preguntarse quién está velando por su seguridad. La violencia y el miedo se han apoderado de las calles. Mientras la ciudad se desmorona bajo el peso de problemas estructurales, la Alcaldía parece más enfocada en celebrar que en proteger. No todo es fiesta; la seguridad debe ser la prioridad.



