La violencia vuelve a golpear las zonas insulares de Cartagena de Indias. Esta vez, la tragedia tuvo lugar en Isla Fuerte, donde una simple apuesta en una gallera desató una brutal balacera que dejó un saldo de tres muertos y dos heridos. El Inspector de Policía, Irene Barrios Paz, confirmó los detalles del mortal enfrentamiento registrado el lunes 23 de setiembre, advirtiendo la creciente inseguridad que aqueja a estas comunidades que parecen vivir bajo el olvido estatal.
Lo que comenzó como una tarde festiva en la gallera terminó en una escena trágica. Ayer, en medio de una acalorada discusión por una apuesta, las tensiones escalaron hasta que el desenlace fue fatal. Luis Paredes y Fernando Méndez de 19 y 21 años y nativos de Isla Fuerte, cayeron abatidos por los disparos de un hombre cuya identidad aún no ha sido revelada. Este, tras sembrar el caos, fue linchado por los mismos habitantes de la isla, enfurecidos por el doble crimen.
Las secuelas de este violento episodio no solo cobraron vidas. Esteban Paredes, familiar de uno de los fallecidos, y un menor de edad resultaron gravemente heridos por las balas. Ambos fueron trasladados de urgencia al Hospital de Lorica, Córdoba. Están en delicado estado de salud, manteniendo a la comunidad en vilo.
La conmoción se ha apoderado de Isla Fuerte. Uno de los fallecidos era empleado de la planta eléctrica de la isla, y el otro, piloto de embarcaciones de pasajeros. Ambos eran esenciales para el funcionamiento de la economía local, que ahora queda en un limbo, no solo por la pérdida de sus habitantes, sino también por el miedo que se respira en cada rincón. La pregunta en boca de todos es: ¿Cuánto más deberán soportar estas comunidades insulares sin la protección adecuada de las autoridades?
Irene Barrios Paz, el Inspector de Policía que está a cargo de la jurisdicción, vive desplazado en Cartagena desde hace tres meses, tras recibir amenazas de muerte, lo que evidencia el nivel de inseguridad al que se enfrenta esta región. Fue él quien alertó a la Secretaría del Interior de Cartagena y a la Capitanía de Puertos de Coveñas, pero la respuesta, como en muchos otros casos, llegó tarde y no fue suficiente para evitar el trágico desenlace.
Las islas de Cartagena, cada vez más expuestas al narcotráfico y al uso indiscriminado de armas, parecen quedar al margen de cualquier estrategia de seguridad.
Mientras tanto, el contraste entre la cara turística de Cartagena y la cruda realidad de sus zonas insulares se vuelve cada vez más evidente. En estas regiones, los habitantes viven bajo una constante amenaza, sintiéndose cada vez más aislados y desprotegidos. La violencia, la falta de presencia policial y el aumento de actividades ilegales han sembrado el terror en las comunidades que luchan por sobrevivir.
¿Hasta cuándo continuarán estas islas pagando con sangre la indiferencia de las autoridades? ¿Cuántas vidas más se perderán antes de que la seguridad llegue a Isla Fuerte y las demás islas circundantes?



