En Cartagena de Indias, esa ciudad marcada por el hambre y la miseria, se desatan las fiestas populares impulsadas por el gerente de la Alcaldía Distrital. Hoy parece más un evento para adormecer que para celebrar. Y no es para menos, porque mientras la ciudad se ahoga en sus carencias, parece que las autoridades prefieren sedar a la población con su dosis de «alegría momentánea» en lugar de enfrentar los verdaderos problemas que nos agobian.
¿De qué sirven las fiestas, las carrozas y los conciertos, cuando el pueblo está anestesiado por la falta de soluciones reales? Con cada evento, la gente se olvida de su miseria, de la inseguridad galopante, de las familias sin comida, de los jóvenes sin futuro. Es la famosa *burundanga social* que, por unos días, disfraza la calamidad en un espectáculo vacuo. Pero, ¿y después? Cuando el eco de la fiesta se apaga, la realidad vuelve, y con ella, la miseria que nunca se ha ido.
Le hago un llamado al alcalde Dumek Turbay Paz, para que deje de suministrar esa droga dulce que solo sirve para someter al pueblo, mientras las verdaderas necesidades siguen sin respuesta. Cartagena Merece Más que esta ilusión efímera, que la gente se merece alegría educativa y no más promesas vacías.
El presupuesto debe ir hacia la erradicación de la ignorancia, hacia la inversión en educación y seguridad, no hacia los fuegos artificiales que solo deslumbran por unos días, mientras el hambre, la violencia y la desesperanza siguen destruyendo a nuestra gente.
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La ciudad merece algo mejor. ¡Despierta Cartagena! Lo que necesitamos no son más festivales de olvido, sino acciones que enfrenten nuestra dolorosa realidad.



