Desde las soleadas costas de la isla de Margarita en Venezuela hasta los intensos juegos en el diamante de béisbol en Cali, Elier Maita Subero ha recorrido un camino lleno de desafíos y perseverancia. Su historia es un ejemplo de cómo el deporte puede ser un motor de transformación y superación personal, especialmente para los jóvenes migrantes que buscan rehacer sus vidas en un nuevo país.
Elier, quien hoy tiene 17 años, llegó a Cali junto a su familia cuando apenas tenía 13, escapando de las dificultades que vivía en el vecino país. Guiado por su hermano Eliab, quien siempre soñó con ver a su familia en un lugar más estable, empezó a abrirse camino en una ciudad desconocida y con una cultura nueva. Desde el primer día, el deporte se convirtió en su refugio y en la esperanza de un futuro distinto.
Inicialmente, Elier se integró en la liga de natación en la Unidad Deportiva Panamericana Jaime Aparicio. Sin embargo, el destino le tenía preparado otro camino. Un día, mientras exploraba el complejo deportivo, vio un entrenamiento de béisbol y sintió una conexión inmediata. Pronto se inscribió en la escuela de la Liga Vallecaucana de Béisbol y, bajo la guía del profesor Alejandro Rayo, comenzó a desarrollarse como cátcher. A los pocos años, su pasión y talento lo llevaron a la Elite Catcher Academy en Cali, donde ha continuado su formación.
Pero el talento de Elier no se limita solo a ser un jugador; también ha demostrado habilidades como umpire, convirtiéndose en uno de los árbitros más jóvenes de Colombia. Con el apoyo de Marlon Perea, Juan Mejía y el profesor Rayo, Elier ha aprendido a tomar decisiones con firmeza y equilibrio en el campo, destacándose en campeonatos juveniles y ganándose el respeto de sus compañeros y entrenadores.
La transición no fue fácil para él ni para su familia. Su madre, Lisve Subero, quien trabajaba como administradora de empresas en Venezuela, ahora se dedica a la costura para sostener a la familia en Colombia. Su padre, Leopoldo Maita, un médico de profesión, encontró en la tapicería una manera de contribuir al hogar. Mientras tanto, Eliab, el hermano que los llevó a Colombia, trabaja en Chile como bartender, y su hermano mayor, economista, ha conseguido empleo en un banco de Cali.
Hoy, Elier participa como umpire auxiliar en el campeonato de béisbol de los I Juegos Nacionales Juveniles en el estadio Miguel Micky Chávez, un logro que simboliza todo el esfuerzo y la dedicación invertidos en su nueva vida en Colombia. Con su mirada puesta en un futuro lleno de posibilidades, sueña con estudiar en Estados Unidos, obtener una beca deportiva y construir una carrera en el ámbito del deporte.
La historia de Elier es una prueba de la fuerza y el impacto del deporte como un vehículo de cambio, capaz de abrir puertas y ofrecer esperanza.



